En el peor momento del paro, generó 6.500 puestos el año pasado y arrastra 400.000 indirectos.
En la crisis que corre, el desempleo es la mayor preocupación de los españoles. Pocas compañías lograron, como Mercadona, crear 6.500 nuevos empleos el año pasado.

El modelo de Mercadona se basa en un armazón dirigido por su principal propietario y presidente, Juan Roig, que divide el «mundo» de Mercadona en cinco pilares: el jefe -los clientes-, el trabajador, el proveedor, la sociedad y el capital. Por ese orden, considera que la empresa debe graduar su cadena de satisfacciones para que el engranaje funcione.
La cadena se convirtió en líder del sector de supermercados, pero probablemente la razón de que esté consiguiendo crecer en las actuales circunstancias radica también en que a finales del año 2008, su presidente decidió dar un golpe de mano y transformar sus estanterías para dejar sólo los productos con mayor rotación. Son, en principio, los preferidos por los compradores, pero también reducen los costes para la cadena. A riesgo de que eso pudiera limitar la variedad y de que una parte de los clientes pudiera preferir tiendas con más surtido, apostó por este modelo que, en su caso, da resultado. Tras bajar el beneficio el año siguiente, remontó a partir de 2010.
Otra máxima que aplicó radicalmente desde entonces fue la del ahorro de costes en cualquier detalle: botellas de aceite cuadradas para que quepan más en una caja y mejorar la logística, briks de leche sin brillo que rebajan el gasto de impresión… Todo tipo de medidas que, con ahorros de céntimos por productos acaban suponiendo millones en los volúmenes que maneja.
Sus retos son dos, principalmente: mejorar sus secciones de frescos, especialmente frutería, y la salida al extranjero, que podría producirse el próximo año con la compra de una cadena en Europa.
Un presidente con ideas
La popularidad de Mercadona se ha unido últimamente a la de su presidente, Juan Roig, cuyas opiniones sobre la crisis económica y social son muy controvertidas. Cuando comenzó dijo que iba a ser «como la Tercera Guerra Mundial, pero sin balas», cuando nadie esperaba que se prolongara tanto. En marzo del año pasado, fue tachado de agorero cuando predijo que «2011 tendrá una cosa buena : va a ser mejor que 2012». Opina que hemos llegado a esta crisis por «haber vivido por encima de nuestras posibilidades». Y ahora reivindica la ‘cultura del esfuerzo’, sembrando la polémica al decir que los bazares chinos la aplican mejor que nosotros y que deberíamos aprender «mucho de ellos».
Expansión 29/06/2012 (ver noticia)


