Al menos el 10% de los comercios de Russafa ha cerrado por la T-2

Las cifras son tan escandalosas que comerciantes y vecinos ya están convencidos de que las obras de la línea T-2 del metro son una epidemia, una plaga que «está arrasando con todo» el barrio de Russafa. Y no es para menos: el 10% de los establecimientos cerrados, al menos un centenar de empleados en el paro y pérdidas que superan el millón de euros, según los primeros datos que maneja el presidente de la Asociación de Comerciantes de Russafa y Gran Vía.

 

La situación es tan «desesperada» que los afectados ya están formando una gestora integrada por comerciantes y vecinos para elaborar «un estudio lo más completo posible sobre la afección de las obras» en el área. Aunque aún no tienen todos los datos en su poder, las primeras informaciones que recaban no presagian nada bueno, tal como ayer anunció el responsable de los tenderos, Eugenio Jiménez, quien está convencido de que, de seguir así, el comercio «se va al traste» en Russafa.

 

Sin duda, la zona más afectada es la comprendida entre la avenida de Peris y Valero y la de Regne de València, que soporta desde hace meses la presencia de las máquinas, las calles cortadas y el ruido continuo de las excavadoras. «No podemos más. Esto va a ser nuestra ruina», se quejaba la semana pasada a Levante-EMV la propietaria del Restaurante El Toledano. La mujer aseguró estar «al borde de la desesperación» y vaticinó el cierre inmediato de numerosos establecimientos, incluido el suyo, si las cosas no cambiaban o, al menos, mejoraban «un poco».

 

Camareros y dependientes

Ahora, esos pronósticos parecen volverse realidad. «Al menos el 10% de los comercios ha tenido que cerrar de forma definitiva como consecuencia de las obras del metro», explicó el presidente de la asociación de tenderos. La desaparición de estos establecimientos y «la falta de clientes en los que aún permanecen abiertos» se ha traducido también en un gran incremento del desempleo. Según los cálculos de Jiménez, «al menos un centenar de personas se ha quedado sin puesto de trabajo por la T-2», y entre ellos,los mayores perjudicados «son los camareros y los dependientes».

 

Y es que, los principales comercios que se han visto abocados a cerrar sus puertas son los dedicados al calzado, las prendas de ropa y, fundamentalmente, los de restauración. «Son, desde luego -aclaró Jiménez-, los que mayores pérdidas acumulan por la infraestructura y el número de empleados que tienen». Por eso su situación suele ser aún más trágica. «Para mucha gente una tienda es su único medio de vida, pero estos, además, han invertido absolutamente todos sus ahorros en sus negocios y han pedido una hipoteca que, encima, deben seguir pagando», agregó el presidente de los comerciantes de Russafa.

 

Por ello, muchos han optado por una solución intermedia: el cierre temporal de sus establecimientos tras pactar a la baja el precio de los alquileres con los propietarios de las plantas bajas donde se ubican. «Las cosas están tan mal que prefieren cerrar y seguir pagando, aunque menos, que continuar abiertos. Les sale más barato», afirmó Jiménez.

 

Las posibles soluciones

La salida a esta crisis pasa, según los afectados, por el apoyo institucional. «Las obras se han llevado la clientela del barrio y con ella nuestras ganancias, pero, a pesar de no ganar suficiente, tenemos que seguir pagando religiosamente nuestros impuestos como si la situación fuese la misma que hace un año», reclamó el representante de los comerciantes.

 

Su intención es, una vez con los datos que recabará la comisión gestora en las manos, «acudir al ayuntamiento a pedir ayuda a la concejala de Mercados, Mª Jesús Puchalt». No obstante, no tienen demasiada fe en su colaboración. «Aún no hemos podido entrevistarnos con ella -protestó-. Lo intentamos cuando empezaron las reclamaciones por la T-2, pero nos dijo a través de su secretaria que las obras no eran municipales y que debíamos quejarnos a la Generalitat».

 

También lo harán. Y si tampoco obtienen una respuesta satisfactoria, se lanzarán a la calle. «Si hace falta organizaremos manifestaciones con participación de vecinos y de comerciantes -aseguró Jiménez- porque, realmente, todos estamos hartos de estas obras interminables».

 

Fuente: Levante 02.09.09

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