Perfumes a granel, como lo compraban nuestras abuelas. Esto es lo que ofrece un novedoso establecimiento que recupera una vieja actividad y que abrió hace cuatro meses en la céntrica calle Pintor Cabrera. «De momento cubro gastos y no me puedo quejar, aunque espero que en poco tiempo llegue el empujón para tener un sueldo y tirar hacia adelante», explica Javier Ortiz, un emprendedor que nunca había trabajado en comercio ya que era administrativo en una constructora y que no ha tenido miedo a invertir en este negocio a pesar de la crisis, que se ha llevado por delante desde su inicio más de 2.000 establecimientos en la capital alicantina, según datos del Colectivo de Comerciantes. En su caso, apostó por algo distinto y creó Perfumhada. «Todo el mundo tiene la mentalidad del perfume envasado, pero aquí pueden traer su propio recipiente y acceder económicamente a una fragancia con la misma calidad que una marca», asegura.
La recesión está cambiando el perfil del comercio minorista, ya que la tendencia emergente es la apertura de tiendas de compra-venta, de segunda mano, de fruterías y verdulerías tradicionales, de precio único tipo bazar, low-cost y hostelería. En lo que va de año el Ayuntamiento de Alicante ha concedido 568 licencias de apertura, lo que incluye tanto actividad comercial como restauración, un dato que, según el sector, se puede equiparar a la destrucción, aunque los propietarios no están obligados a comunicar el cese de actividad a la Gerencia de Urbanismo, departamento que da los permisos. En todo 2011 se aprobaron 741 nuevas aperturas.
El centro de Alicante refleja a la perfección el auge de la restauración. Cierran tiendas de ropa o zapaterías de siempre y abren heladerías, champañerías, creperías, establecimientos de productos ibéricos o gourmets, sobre todo en la zona de Rambla a Plaza Nueva, que se está convirtiendo en paraíso del ocio. Uno de los últimos en abrir es «Copas rotas», entre la calle del Teatro y Castaños, que abarca toda una esquina ocupada hasta hace poco por una tienda del grupo Julio el Madrileño, que cesó su negocio antes de Hogueras. Es decir, que hay destrucción pero también creación, gracias sobre todo a la hostelería. Otro ejemplo es Joyería Montiel un establecimiento de toda la vida que estaba en la plaza Nueva, y que echó la persiana, dejando libre un gran local que ahora se divide en tres, todos ellos con negocios hosteleros.
«Está bien porque supone actividad para el centro de Alicante», en donde han cerrado más de 300 establecimientos desde que empezó la crisis», explicó Vicente Armengol, presidente de la Asociación de Comerciantes de Corazón de Alicante. Sin embargo, su temor es «que se está masificando demasiado. Local que cierra de comercio típico, sabemos que va a ir dispuesto a la hostelería», dijo.
La sangría de cierres tiene mucho que ver también con el encarecimiento de los alquileres. «Las calles del Teatro y de Gerona son lo que son y pedían lo que querían pero ahora la gente no puede asumir el pago de 1.500 euros mensuales por un local no muy grande». Armengol puso como ejemplo «Pistacho», en la calle Bazán, una tienda de bisutería que paga 600 euros al mes por un local de apenas 20 metros cuadrados. «Muchas pulseritas tienen que vender para afrontar eso».
Juanjo Gallego es un comerciante alicantino que se queda en el paro después de 36 años, la mitad de ellos con la tienda Corsso. «Para mí esta es la peor época de mi vida laboral con diferencia, no hay consumo ni ayuda por parte de nadie. Es penoso porque Alicante se está convirtiendo en una ciudad outlet». Sin embargo, otros comerciantes no lo ven tan mal porque esta actividad ha permitido dotar de vida a la calle Gerona y alrededores, donde proliferan los establecimientos de confección de 10 a 30 euros.
Gallego pagaba un alquiler de 2.000 euros por un local en la calle San Francisco, que antes acogió Hugo Boss, que también cerró. «Corsso llevaba tres años funcionando muy bien pero de un año para acá la gente ha dejado de con sumir», dijo. En su opinión, no tiene nada que ver la ubicación, pese a que en el mismo punto acaban de cerrar otras dos tiendas. De hecho, están muy cerca de la Montañeta, una zona que se ha revalorizado con la implantación de firmas como Nichi Seijo o Purificación García, que se trasladó hace un año desde el otro extremo de Maisonnave. Esta calle es otro ejemplo de resistencia a la crisis ya que se ha convertido en polo de atracción de marcas de prestigio, y a las franquicias habituales se han sumado últimamente Guess, Desigual o Berska, lo que contribuye a convertir esta arteria en referencia para el resto de la provincia y le ayuda a hacer frente a la oferta de los centros comerciales. «Cuando cierra un establecimiento en Maisonnave, enseguida abre otro. Se producen muchas aperturas y remodelaciones», explicó un portavoz de la asociación de comerciantes. «Aunque ha bajado el consumo nos hemos afianzado como una calle distinta con un comercio diferenciador que no hay en otros sitios».
Distinta es la situación de las calles perpendiculares y adyacentes, donde está habiendo cierres, y a veces reaperturas, aunque en esta zona los comercios ganan a la hostelería. El emprendedor de la perfumería de Pintor Cabrera ha visto ya tres cierres, «a los propietarios no les importa que tengamos que abandonar al no poder pagar los elevados precios», dijo.
Internet se convierte en una ventana para actividades que cesan
El alquiler, la subida de la luz y del IVA hasta el 26,5% ha abocado al cierre a «Patracol», una tienda de recuerdos y regalos de comunión y todo tipo de ceremonia que llevaba 29 años en la calle Castaños, y que ha visto caer sus ventas hasta un 50%. «Así no se puede trabajar. No dejan de crecer las ventajas para las grandes superficies, y no podemos competir, ni en rebajas, ni horario, ni en nada. El pequeño comercio está desesperado», dijo la propietaria, que está liquidando porque se marcha a Australia. Entregará la llave el 15 de diciembre, y una empleada intentará mantener el negocio por Internet.
Diario Información 14/10/2012 (Ver noticia)


