A comprar al súper con el móvil

Primero iba una o uno -aunque lo de uno era un decir, en aquellos tiempos- a hacer la compra con el monedero en el refajo. Luego las ciencias empezaron a adelantar que es una barbaridad y se inventaron el cheque al portador, la letra a noventa días y la tarjeta de crédito. Como quien no quiere la cosa, la gente empezó a comprar por teléfono y por internet. En Estados Unidos le han cogido tanto gusto a comprar así que ya se hace incluso estando físicamente en la tienda. Tu teléfono móvil sabe más que el más avispado dependiente.

Los «smartphones» o teléfonos inteligentes, como su propio nombre indica, saben de todo. Hace poco empezaron a tener mucho éxito en Estados Unidos unos sencillos programas que permiten leer los códigos de barras de los productos de las tiendas con la cámara del móvil. Una vez leído el código, el programa lo procesa dentro de una base de datos que cruza información y, por ejemplo, te anuncia que esos vaqueros tan geniales de Bloomingdale´s los venden iguales, pero más baratos, en Macy´s. Y claro, pies para que os quiero.

Bombardeo al consumidor

Conscientes de que éste es un filón que les puede jugar a favor o en contra, algunos comercios han empezado a invertir seriamente en esta tecnología. Desde grandes supermercados a estilosas boutiques de diseñador en el Soho, todos ansían la venta perfecta que se está tecnificando muy rápidamente. «The New York Times» informa de que IBM ya tiene incluso un programa, que se llama «Presencia», que vía móvil detecta al comprador desde que éste pone un pie en la tienda. Y desde ese preciso instante va a por él.

¿Cómo? Pues bombardeándole con las ofertas del día, de la semana y del mes y poniéndose a su disposición para lo que necesite. Como un Virgilio electrónico el móvil te guía por la tienda, te indica dónde puedes encontrar la talla que necesitas de lo que buscas, si no la tienen te ofrece encargarla y mandártela a casa, etcétera. En el super pueden informarte rápidamente de a qué altura de qué pasillo está el queso que buscas y, casualidad, dónde están las peras asiáticas que pegarían divinamente con él.

Una de las claves de estos programas es «retratar» a los compradores y establecer pautas de consumo. Eso sirve para que el comercio sepa con qué ofertas personalizadas atacar. Este tipo de ataques ya hace tiempo que llegan al correo electrónico, que es lo primero que piden en muchas tiendas de EE.UU. cuando se paga. Pero la novedad es que el móvil se convierta en un mostrador caliente.

¿Puede llegarse al punto de prescindir de dependientes humanos? ¿Serán las tiendas del futuro escenarios de Blade Runner, con compradores solos, cada uno con la cabeza baja y absorta en su móvil? A corto plazo no parece, pero porque no todo el mundo puede pagar la tecnología.

ABC 03/03/2010

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