Cooked in Barcelona. Moda con denominación de origen

Habla de forma pausada, como calibrando el color de cada palabra. Pero, al mismo tiempo, está pendiente de todo. Del móvil, de la gente que entra en la tienda que tiene abierta en el centro comercial L’Illa Diagonal de Barcelona, de sus socios y empleados… Jordi Armengol, de 39 años, es el chef de un nuevo estilo de cocina textil que integra las tecnologías más innovadoras en una prenda de uso diario como es el pantalón. Su empresa, Cooked in Barcelona, radicada en Sabadell, vende prendas fabricadas en Cataluña con conexión para iPod o tecnología antimanchas. Delicatessen con pan con tomate.

 

 

¿Cómo empezó su aventura en los fogones del textil?

 

Mi padre fundó una empresa de confección de pantalones, que se llama Aninoto, hace casi 40 años. Trabajé en la empresa familiar durante siete años y hace tres empecé con el proyecto Cooked in Barcelona junto a un compañero que venía de la empresa Nike. Lo que buscaba era innovar en el sector de la confección, un sector muy maduro en el que hay que ser muy creativo para conseguir enfoques diferentes. De hecho, la gente te dice que estás loco cuando cuentas que vas a crear una marca nueva y que vas a fabricar en el país. En un contexto en el que se dice que el sector está en crisis, que todo se va a producir en China, que los pequeños van a morir y que sólo van a quedar los grandes, es complicado.

 

Pero decidió enfocarlo de forma diferente y lanzarse…

 

Sí, pensamos que podíamos hacer algo distinto a lo que se hacía hasta el momento. Creemos mucho más en el producto y en el concepto y esto hace que trabajemos más en este sentido.

 

«El futuro es integrar la tecnología dentro de las prendas»

 

 

¿De ahí la analogía con la cocina?

 

Cooked in Barcelona pretende ser una fusión entre la moda y la cocina no sólo de un modo mediático sino a escala real y de negocio. La moda no deja de ser una conjunción de ingredientes de todo el mundo. Vimos que en el taller teníamos botones de Italia, tejidos de Alemania y etiquetas que nos hacen en Francia… Eran como los ingredientes que conformaban un plato, que es el pantalón. Antes de entrar en la empresa familiar, trabajé en marketing en empresas del sector alimentario de gran consumo. Así que pensé en tomar prestadas estrategias de negocio de la alimentación y aplicarlas al textil.

 

¿Cuáles son esas estrategias?

 

Pues una básica es la rotación de producto en el establecimiento. La idea aplicada a la moda es que el pantalón sea como un producto fresco o un yogurt, que puede cambiar de color y sabor cada poco tiempo. Nosotros basamos nuestra estrategia de negocio en esta rotación más que en la venta con margen unitario. Además, como fabricamos en Cataluña, también nos interesa este volumen de movimiento.

 

Apostar por la cocina local también es innovador…

 

Sí. Ahora, el 99 % del sector se va a fabricar fuera para abaratar costes y tener más margen. Nosotros, en cambio, apostamos por la rotación y el servicio. Nos interesa fabricar aquí porque así, en el plazo de una semana, podemos tener pantalones diferentes en nuestra tienda y los establecimientos multimarca donde estamos presentes. Es mejor para el negocio. El diseño también se hace en Barcelona, lo cual nos permite ir a los talleres y cambiar sobre la marcha un producto determinado. Si fabricas en China no puedes cambiar nada.

 

Y Barcelona vende…

 

Nos hemos dado cuenta de que es más fácil exportar un producto cuya marca capte la atención por el concepto que representa que un producto con una marca conocida en el ámbito local pero desconocida a escala internacional. Hoy día, Barcelona es un buen acompañamiento para la marca. Además, cumplimos con lo que anunciamos: es un producto con denominación de origen. Vendemos prendas con un carácter que recuerda a una ciudad mediterránea, fresca y multicultural como Barcelona. Y empezamos a movernos en el mercado internacional.

 

¿El secreto está en los ingredientes?

 

Aplicamos la parte más creativa de la cocina e innovamos con los ingredientes. De hecho, partimos de la asociación con otros sectores innovadores para aplicarlos a la moda. Hemos empezado con prendas con tejidos inteligentes que se ajustan a los cambios de temperatura, repelen los olores, son antimanchas o desprenden olor. Luego hemos apostado por la fusión con la tecnología con prendas que permiten conectar el iPod o el mp3. Nuestra visión dentro de la confección es hacer prendas innovadoras, ya sea por el tejido, el modelo, la fusión con la tecnología o la forma de venderlo al público.

 

Los clientes notan esta diferencia desde el probador…

 

Sí, en la tienda que tenemos en L’Illa Diagonal de Barcelona las prendas llevan etiquetas con tecnología de radiofrecuencia. Esto nos permite, por una parte, tener información de todo lo que ocurre dentro del establecimiento. Por ejemplo, un pantalón que entra mucho en el probador y no se vende tiene algún problema: no sienta bien o simplemente no gusta. Saberlo nos da la posibilidad de cambiarlo. Por otra parte, gracias a estas etiquetas, en el momento en el que pasan al probador, las clientas pueden saber a través de una pantalla táctil si hay más tallas o colores del modelo que han elegido. Esto nos diferencia del resto.

 

Pero también se nota en el precio… ¿No les da miedo que en un momento de desaceleración económica como el que vivimos sea un factor en contra?

 

Como en todos los sectores, tenemos que tener el miedo justo a la competencia en precio. Es cierto que nuestro fuerte no es éste. Sí que lo es el producto y la diferenciación, además del enfoque de servicio a clientes. Otra de nuestras ventajas competitivas es que estamos especializados en pantalón, una prenda que se compra como una inversión y de forma más racional: se valora que siente bien, que el tejido dé buen resultado, que los acabados tengan durabilidad, etc. En este aspecto, nos vemos capaces de competir. También hay que decir que nos dirigimos a un público con cierto poder adquisitivo porque, si no, no podríamos fabricar aquí. Los precios de fabricar aquí no son los de producir fuera pero, a cambio, podemos mimar más las prendas y conseguir que se adapten mucho más a la mujer.

 

Su mercado es femenino…

 

Empezamos con el mercado de mujer porque es el que invierte más en moda, pero estamos planteándonos entrar en el de hombre porque vemos que adopta la tecnología. La mujer innova más en diseño, colores, etc. El hombre incorpora más aparatos electrónicos.

 

¿Puede ser que se cuestione el efecto de los aparatos electrónicos y las etiquetas de radiofrecuencia sobre la salud, como pasa ahora con los aditivos químicos en la cocina de diseño?

 

Es lo primero que preguntamos a nuestros partners tecnológicos, que tienen patentes en el ámbito mundial. En seguida nos tranquilizaron. Utilizamos frecuencias muy bajas, que son una décima parte de lo que puede emitir un móvil. Al principio, estábamos preocupados. Pero te informas y ves que no hay peligro alguno.

 

¿Qué es lo siguiente después de la ropa inteligente?

 

Vamos a seguir investigando con los pantalones, aunque el iPod, por ejemplo, tiene más sentido poder incorporarlo a una chaqueta, porque está más cerca de los oídos. El futuro lo vemos integrando la tecnología dentro de las prendas. Es decir, que la ropa ya esté pensada para el iPod o el teléfono móvil. Para el congreso iFest, que tendrá lugar en Barcelona en julio, presentamos tejidos lumínicos para todo el mundo de la noche.

 

Suena todo muy futurista, estilo Minority report. ¿Llegaremos a tener la oferta que necesitamos justo en el momento de entrar en la tienda, como en la película?

 

El límite no está en la tecnología sino en la cultura del consumidor. En Cooked, intentamos construir un equilibrio entre la tecnología y la intimidad personal. De momento facilitamos que la gente escoja su producto a través de las pantallas táctiles… Dentro de unos años, es posible que sea normal ir a una tienda y que por el hecho de tener una tarjeta de fidelización los dependientes sepan quién eres y qué te pueden ofrecer. Más que nada porque todos tenemos menos tiempo y queremos más atención personalizada.

 

¿Cómo se ve dentro de 10 años?

 

Me veo en una empresa que da a los consumidores soluciones de comodidad integradas en las prendas más que como fabricante de ropa de calidad y que sienta bien, porque dentro de poco esto no nos va a diferenciar. La competencia hace que en el siglo XXI no puedas dejar de innovar.

 

Pero siempre con humor… Lo digo por el logotipo que utiliza Cooked: un pollo a punto de cocinar…

 

Sí, es un pollo muerto, listo para cocinar, y es un pollo simpático. Jugamos con el guiño a la cocina y con el sentido del humor y la ironía.

 

¿Y, en la mesa, es de pan con tomate o cocina de diseño?

 

Pan con tomate, pero la cocina de diseño hay que probarla.

 

Fuente: Infonomia

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