Los consumidores mantienen la misma opinión sobre la situación económica, pero se agudizan algunos indicadores que hablan de su desconfianza y acentúan su extrema cautela. En definitiva, 2011 comienza como se cerró 2010. Estas son algunas de las conclusiones del primer informe del año del Índice de Confianza del Consumidor de Millward Brown.
La sensación de empantanamiento de la economía española se está espesando por su mera prolongación sin que se atisben salidas. Los indicadores apenas muestran oscilaciones en relación con diciembre. El Índice se mueve levemente, pasando del -34,6 al -32,1, movimiento inapreciable en estas circunstancias.
El índice también refleja que:
_ La confianza en la economía española, ya precaria, se debilita más.
_ La valoración de la situación económica de los hogares desciende paulatinamente, arrastrada por la desconfianza en la economía del país. Desde septiembre ha pasado de 23,4 a 15,2.
_ Evoluciona en sentido positivo la valoración del momento para realizar grandes compras, para situarse en -35,6 desde -46,0 el mes pasado. La mejora es marginal, la valoración negativa del momento para realizar grandes compras para el hogar explica la congelación del consumo en los últimos meses.
En definitiva, los datos anteriores explican que los consumidores piensen que este es un momento para reducir riesgos económicos, una opinión que ha ganado peso desde mayo y se ha agudizado en el último mes. Incluso se está disolviendo la sensación que ganó consistencia entre mediados de 2009 y 2010 de que había oportunidades para invertir si se tenía dinero. Que esta visión oportunista se evapore indica que los consumidores perciben una situación deflacionaria, dominada por la incertidumbre.
Lo único positivo en este panorama es relajación en la sensación del riesgo de perder el empleo en los próximos meses. Entre los ocupados, quienes piensan que hay muchas o bastantes posibilidades de perderlo suman un 9,8%, mientras que en noviembre ascendían a un 15,7% y en octubre a un 13,9%.
Por otro lado, los rasgos dominantes del comportamiento del consumidor se mantienen estables y acentúan los aspectos más retraídos y cautelosos:
_ Control de los gastos en el marco de estilos de vida austeros, a los que ya se han acostumbrado. La crisis ha mermado los ingresos de casi todos, y las previsiones son negativas, así pues se ha asumido el descenso del nivel de vida como una consecuencia de la crisis.
_ Se mantiene la ruptura de la lealtad con las marcas, manteniéndose el precio en primer plano en las decisiones de compra.
_ Desconfianza sobre el largo plazo, lo que se traduce en dilación en todas las decisiones sobre grandes gastos, salvo que se tenga clara la forma de pagarlos. Reducir incertidumbres es una de las claves del consumidor de 2011.
_ El escenario público se contempla como una fuente de incertidumbre. La desconfianza hacia la gestión pública hace que los individuos se sientan abandonados a su suerte o a sus fuerzas ante la crisis, que puede abatirse sobre ellos en cualquier momento, de forma casi aleatoria. Esta sensación produce una conciencia de debilidad.
Marketing News 13/01/2011 (Ver noticia)


