Ikea: Las posibles repercusiones de la instalación de la multinacional sueca en Alicante

¿Qué provoca que alguien coja el coche y recorra 85 kilómetros para comprar una estantería y un jarrón? ¿Por qué, cuando los servicios a domicilio están cada vez más valorados, de repente cualquier ciudadano acepta montar con sus propias manos un escritorio o un sillón? Resulta difícil explicar los motivos del éxito de Ikea pero el poder de atracción que ejerce sobre los consumidores es innegable y su popularidad es tan grande que la instalación de la multinacional sueca en Alicante se ha convertido casi en un asunto de Estado para la alcaldesa de la ciudad, Sonia Castedo.

Aun en la época más complicada del año, Castedo se las ha apañado para reunirse con los directivos de la empresa y conseguir que mantengan su apuesta por Alicante, a pesar del retraso que supondrá la suspensión cautelar del Plan Rabasa ?-donde se ubicará la tienda- decretada por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad. Es mucho dinero el que está en juego. Según datos de la propia Ikea, la construcción de la tienda y del macrocentro comercial que lleva aparejado el proyecto, 125.000 metros cuadrados en total, supondrá una inversión de 250 millones de euros, toda una inyección económica en tiempos de crisis. Además, se calcula que al menos un 45% de esa cantidad, alrededor de 115 millones de euros, irá a parar a manos de empresas locales.

Desde el punto de vista social, sólo levantar el complejo supondrá la creación de unos 2.000 empleos, según la compañía, y una vez en marcha serán unas 2.300 las personas que trabajarán en él, 500 de ellas directamente en la tienda de Ikea. El plan de negocio prevé unos 15 millones de visitas anuales, de las que un 80% procederá de fuera del municipio. Desde la multinacional aseguran que entre un 35% y un 40% de esos visitantes foráneos realizarán algún otro tipo de gasto en la ciudad.

Además, para vencer las reticencias de los comerciantes locales, la compañía asegura que éstos tendrán ventajas económicas y preferencia sobre otros negocios para instalarse en el complejo anexo. Es a este centro comercial al que las asociaciones del sector se oponen rotundamente. Ikea, por el contrario, lo consideran un atractivo para la ciudad, una postura en la que coinciden con sus colegas de Murcia, donde los suecos también instalaron su tienda junto a un gran centro, Thader, y muy próximo al de la Nueva Condomina.

El secretario general de la Federación de Empresarios del Comercio de la Región de Murcia (Fecom), José Iniesta, asegura que desde la apertura de Ikea y Thader, en el año 2006, «el centro urbano ha perdido vida». Iniesta recuerda los atascos que sufría Murcia cada 9 d’Octubre con la llegada de miles de alicantinos que aprovechaban el día para comprar. «Ahora las colas se forman en la autovía, en los accesos a estos centros comerciales, los compradores no entran», se lamenta. No obstante, afirma que tampoco fue «una catástrofe». «En conciencia no puedo decir que cerrara ninguna tienda por la apertura de Ikea y Thader. Los que lo hicieron ya venían de una situación anterior mala», añade el representante de los comercios tradicionales.

Después de estos casi cuatro años de experiencia, el concejal de Urbanismo de Murcia, Fernando Berberena, aconseja a la alcaldesa de Alicante «que no deje escapar la oportunidad» que representa la multinacional sueca. «Todo ha sido positivo. Es una de esas cosas que pone en el mapa a una ciudad. Atrae a mucha gente que, de otra forma, jamás se plantearía venir a Murcia y, aunque sea sólo una pequeña parte, hay quien después de comprar se decide a visitar el centro», asegura. Del mismo modo, el edil también defiende la presencia de los dos macrocentros comerciales que hay junto a la tienda de muebles. «Hay una parte muy importantes de los clientes de Ikea que sólo quieren venir y cargar. Son clientes que no desean entrar en la ciudad pero que, sin embargo, no ven con desagrado ir al centro comercial que hay al lado», explica Berberena. En otras palabras, más dinero que se queda en el municipio y eso sin contar con lo que ingresa el consistorio por las licencias de obra y, una vez en funcionamiento, por el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI). Además, el concejal recuerda que se intenta compensar a los establecimientos del centro con campañas de escaparatismo, promociones y subvenciones para su renovación.

Un «imán turístico»

Desde la Federación Regional de Empresarios de Hostelería de Murcia (Hostemur) aseguran que el complejo ha actuado como «un imán turístico, un atractivo más para la Región, que refuerza el nombre de Murcia como ciudad de compras». Por lo que respecta a las consecuencias directas sobre los bares y restaurantes, uno de los máximos dirigentes de la asociación, Ignacio Sánchez, señala que la mayoría de los consumidores «vienen, cargan y se van con sus muebles pero a veces hacen parada en el centro para desayunar, almorzar o comer, por lo que la hostelería sí se ha visto beneficiada de forma indirecta».

Por su parte, el secretario general de la Asociación de Empresarios de la Madera (Areme), José Miguel Borrachero, que representa a los fabricantes de muebles murcianos, sostiene que el impacto de Ikea sobre su negocio ha sido «prácticamente nulo, porque se trata de un tipo de producto que nosotros no trabajamos». En este sentido, Borrachero afirma que han acusado más la llegada de otras cadenas como Leroy Merlin o Akí «que sí suponen una competencia directa para los empresarios del sector de la ebanistería». «Lo poco que nos ha afectado Ikea lo hemos suplido vendiendo más en otras zonas de España», asegura.

Diario Información 11/01/2010

Si te ha gustado, hazlo social Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on Facebook
Facebook
Share on LinkedIn
Linkedin
Pin on Pinterest
Pinterest
Print this page
Print
Email this to someone
email
× WhatsApp