La confianza de los empresarios de la Comunitat se deteriora hasta situarse en su nivel más bajo

A los empresarios valencianos los dedos se les hacen huéspedes de pura y dura desconfianza ante las difíciles perspectivas de la economía. No se fían ni de su sombra, y mucho menos de la capacidad del sistema financiero y productivo a tenor de los malos, pésimos datos, que cada día surgen hasta de debajo de las piedras.

El mal comportamiento de la evolución de la cifra de negocio es el puntal sobre el que se sustentan tantas dudas, y si a eso se añaden los datos del desempleo y el recorte de la inversión experimentados en la Comunitat, es lógico el deterioro registrado por el Índice de Confianza Empresarial (ICE) que elabora las Cámaras de Comercio de Alicante, Valencia y Castellón.

El ICE ha caído, se ha desplomado hasta alcanzar un mínimo histórico de 21,7 puntos negativos en el segundo trimestre de 2008.

La evolución de este índice, confeccionado a través de las encuestas de las Cámaras, señala que el optimismo que se reflejaba durante un año (desde el tercer trimestre de 2006 hasta el mismo periodo de 2007) comenzó a descender en picado con la aparición de la crisis hipotecaria estadounidense.

Durante el verano del año pasado empezaron a sembrarse las dudas que han florecido en un talante auténticamente pesimista entre los empresarios valencianos.

El mensaje de los dirigentes patronales, que pedían un espíritu valiente, un talante emprendedor, no ha calado en el tejido productivo de la Comunitat. Ha ocurrido lo contrario. Los empresarios se han contagiado de lo que consideraba como una psicosis y que, finalmente, se ha demostrado como buen tino por parte de los que consideraban aquella mal llamada desaceleración como un paño caliente sobre una herida muy profunda.

La caída libre del ICE desde septiembre del año pasado es muy pronunciada en la Comunitat, mucho más que el descenso de ese parámetro a nivel nacional, si bien el optimismo de los empresarios españoles venía cayendo desde mucho antes.

El informe de las Cámaras de la Comunitat sobre el deterioro de la confianza empresarial indica que el dato negativo del índice «refleja la acusada desaceleración que está experimentando la economía valenciana a medida que avanza el año».

Los 21,7 puntos negativos se producen tras una caída de más de 16 puntos respecto al ICE registrado tres meses antes, entre enero y marzo pasado, que ya de por sí fue malo. Lo cierto es que a partir de entonces el pesimismo ha cundido de tal manera entre las filas del empresariado valenciano que el índice de confianza se sitúa cerca de diez puntos por debajo del promedio nacional.

Habrá que ver qué ocurre durante el tercer trimestre, pues también los consumidores habían mostrado un talante muy pesimista pero su confianza reflotó en cinco puntos, según los datos ofrecidos recientemente por el ICO.

El descenso del precio del petróleo mejoró las expectativas de los ciudadanos, y es posible que ese rayo de esperanza también afecte a los empresarios en la encuesta elaborada actualmente. No ayudará en mucho, sin embargo, datos como el dado a conocer el jueves por el presidente de Fevec (Federación Valenciana de Empresarios de la Construcción), Eloy Durá, quien señaló que cada día de agosto se cerró una empresa vinculada a su sector. Precisamente, entre los propietarios de firmas relacionadas con el ladrillo es donde se registra un mayor deterioro de la confianza, según las Cámaras.

La debilidad de la demanda es el principal factor que está limitando la actividad de las empresas valencianas, según consideran el 60% de los consultados para elaborar el índice. A esa caída del consumo se añade como factor limitador de la actividad el aumento de la competencia, y el temor a la falta de financiación por parte de los bancos y cajas de ahorro sigue tomando auge entre los temores que minan el ICE.

«Ante una demanda de empleo a la baja y un estancamiento de la actividad, aspectos como la falta de personal cualificado y la insuficiente capacidad de producción reducen a mínimos su importancia para el empresariado», según el informe de las Cámaras. Tampoco ha permitido mejorar el ánimo del empresariado valenciano la marcha de las exportaciones. Se esperaba un mejor comportamiento de los mercados exteriores que del mercado nacional, sin embargo, el desplome de la demanda ha sido tan brutal en España que la confianza en que la crisis se va a remontar en un corto espacio de tiempo se ha quedado para los muy, muy optimistas.

Fuente: Las Provincias 06.09.08

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