Las grandes superficies

Empiezan acompañando la huída de los habitantes del casco urbano hacia los suburbios. Cuando, en América, en los años sesenta, la clase media es inducida al modelo de vida suburbana, los grandes almacenes de la ciudad pierden clientela y acompañan al éxodo humano instalándose en los suburbios. Son los «malls». El fenómeno se traslada a España y concretamente a España en los años ochenta. Ello produce una modificación del concepto de ciudad. Se pasa de vivir arrendados en pisos a poseer esa casa en una urbanización, con jardín propio y coche inevitable. Los hipermercados se convierten en las tiendas de los suburbios pero la cosa se complica después porque el hiper empieza a hacerle la competencia al comercio de casco urbano al estar abierto más horas y en días de fiesta así como tener precios más baratos gracias a su capacidad de compra. Para colmo, en España los hiper no son ni siquiera españoles, la mayoría son franceses y ello contribuye a esa postura de rechazo que el pequeño comercio ha logrado diseminar entre gran parte de sus clientelas. Sin embargo las ventajas son superiores a los inconvenientes y la gente de ciudad, aunque simpatiza con los problemas que les cuentan sus proveedores habituales, se deja seducir por la atracción del híper, al que basta acudir una vez a la semana, incluso en sábado o domingo. La generalización del automóvil y la nevera posibilita tamaña economía de dinero y esfuerzos en la mayoría de la gente.

El casco urbano, mientras tanto, pierde tejido social al cerrarse poco a poco el pequeño comercio, entre otras razones porque sus dueños han podido dar carrera a sus hijos y la mayoría de éstos no quieren heredar el negocio, que si tiene el atractivo de la relación cotidiana con la gente del barrio, ofrece los inconvenientes del sacrificio permanente y los escasos márgenes. Además aquella distracción de irse de compras que practicaban las mujeres de la burguesía está disminuyendo, la mayoría de las mujeres trabajan y aunque les gusta curiosear, lo pueden también conseguir en el hiper. La mayoría de fabricantes y suministradores, por su parte, se quejan de que los hipermercados les explotan, les piden descuentos especiales o pagos a largo plazo, aprovechándose precisamente de su posición de privilegio. La alianza entre proveedores frustrados y pequeño comercio es la próxima etapa de una lucha bastante desigual a favor de las grandes superficies. Mientras tanto el poder político está bastante dividido al respecto. El problema de los partidos conservadores de corte populista es que una buena parte de su electorado tradicional es precisamente el pequeño comercio pero, hoy, el neoliberalismo les obliga a aceptar ese modelo de competencia salvaje de los nuevos modelos de venta en grandes superficies. Esa batalla se dá en las cuestiones de horario, de apertura en días de fiesta y poco a poco los grandes almacenes de casco urbano se van uniendo a la estrategia comercial de los hipermercados usando sus tácticas también en los cascos urbanos.

Levante 12/11/2009

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