Madrid, cuna de comercios centenarios

Relojerías, ferreterías, pastelerías o zapaterías. Los comercios a pie de calle también cumplen años y detrás de sus escaparates se esconden historias centenarias de negocios y profesiones artesanales que se han transmitido de padres a hijos. Algunos, están ya en manos de su cuarta o quinta generación y, en plena crisis, siguen afrontando con optimismo el legado familiar.

¿Cómo han conseguido subsistir estos pequeños negocios? Cada uno tiene su propia receta. Unos han conservado el carácter tradicional que los diferencia de las grandes multinacionales, otros han renovado la imagen del local y algunos incluso han tenido que reinventarse completamente a medida que cambiaban los hábitos de consumo.

La Cámara de Comercio de Madrid ha recogido en la obra Un viaje en el tiempo. Generaciones de Comerciantes, el testimonio de quienes han sido protagonistas de más de un siglo de la historia de la capital española.

Fachada de la librería Nicolás Moya

La librería más antigua de la capital

Fundada en 1837 por Nicolás Moya, la Librería Moya es la tienda de libros más antigua de Madrid y fue la primera especializada en medicina de la capital española. Por su local han desfilado personalidades como Santiago Ramón y Cajal o José Letamendi, y sus obras, impresas por el fundador, ocuparon las estanterías de esta librería.

Hoy en día, Gemma y Nicolás Moya están al frente del negocio familiar, que han mantenido gracias a la especialización de sus obras, aunque ahora se ha ampliado al mundo de la veterinaria, la ganadería o la agricultura. Según los actuales dueños, el interés por los libros de náutica y navegación es lo que más ha crecido en los últimos años, aunque siguen contando con una cartera fieles de clientes de esos que se llaman ‘de toda la vida’.

Anuncio de Casa Hazen publicado en 1910

Música a través de los siglos

Jan Hosseschrueders era un carpintero holandés que, tras su llegada a Madrid a principios del siglo XIX, empezó a trabajar como aprendiz en una fábrica de pianos. El negocio le gustó y creó en 1814 su propia empresa, que brilló con luz propia en una época en la que el piano era el rey de los instrumentos en toda Europa.

Los sobrinos del fundador heredaron el negocio a su muerte y hasta ahora ha permanecido en manos de la familia, aunque a lo largo de su historia ha cambiado hasta cinco veces de localización. Actualmente, se encuentra al frente del negocio la séptima generación de esta saga empresarial que atesora uno de los archivos de partituras más importantes de Europa.

Productos ‘gourmet’ desde 1901

En 1901, Patricio Olmedo abrió una tienda de ultramarinos en la calle Serrano de Madrid, una zona tan exclusiva ahora como lo era hace un siglo, ya que era el lugar preferido por la nobleza y la alta burguesía para levantar sus palacetes y casas señoriales.

Patricio, que sabía del alto poder adquisitivo de sus potenciales clientes, se decantó por ofrecer una serie de productos que hoy en día se considerarían gourmet. En 2000, la familia decidió vender una parte de la tienda al modisto Alfredo Villalba y la firma de lujo Cartier ocupa el resto del local original. El negocio se trasladó a Alcobendas, donde la tercera generación sigue al frente del negocio.

Tradición tras siglo y medio de historia

Mariano de la Vega fundó, en 1860, una pequeña tienda de productos para ganaderos y agricultores, ya que éstos eran el motor de la economía madrileña en el siglo XIX.

El cambio, primero hacia una faceta industrial y después hacia los servicios, de la capital española, obligó a Casa Vega a reajustar su oferta de artículos, aunque siempre manteniendo la filosofía del fundador y en sus estanterías todavía pueden encontrarse cencerros para animales. Carmen de la Vega, actual propietaria del negocio familiar, vende desde zapatillas hasta agujas especiales para trabajar el cuero y todo tipo de cordeles.

La tienda del botijo

Mercedes Rodríguez lleva las riendas del tercer comercio más antiguo de Madrid. En 1754, un antepasado del abuelo de la propietaria, de cuyo nombre ya nadie se acuerda, ni siquiera los archivos de la época, El Botijo era una tienda al por mayor de todo tipo de productos, desde cuerdas hasta zapatillas o pólvora.

Su nombre se debe a la costumbre de dar de beber en un botijo a los aspirantes a aprendices de tienda que venían andando desde los pueblos cercanos de Madrid. En 1960, el comercio sufrió una profunda reestructuración y ahora es un local de productos para el hogar.

Bombones y caramelos con solera

Vicente Hijós Palacio, bisabuelo del actual propietario, abrió la Bombonería La Pajarita en la Puerta del Sol en 1852. El nombre se debe al popular pasatiempo de la época de hacer pajaritas de papel. Sus caramelos endulzaban, y siguen haciéndolo, el trabajo de diputados y senadores, ya que en las Cortes se encuentran algunos de sus mejores clientes.

Sus productos artesanales son también populares en la Real Academia de la Historia y en la de Ciencias Morales y Políticas. Al frente del local, se encuentra hoy en día Lorenzo Aznárez, que no piensa abandonar el negocio familiar a sus 81 años de edad.

Un negocio sin competencia

En 1863, los soportales de la Plaza Mayor de Madrid eran testigos de cómo Luis Olleros abría por primera vez su tienda de paños. Sin embargo, la historia de este comercio no está ligada a la de la familia Olleros, ya que la segunda generación no tuvo descendientes y fueron sus empleados quienes se hicieron cargo de la compañía.

En 1950, los propietarios decidieron especializarse en fieltros, convirtiéndose en la única empresa de la región con este tipo de producto textil. Su exclusividad y la falta de competencia ha sido la clave del éxito de este pequeño comercio madrileño.

Expansión 11-05-2010

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