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Masymas alcanzará los 100 puntos de venta este año

por | Jul 6, 2008

En tiempos tan lejanos como la década de los cuarenta, cuando España no sabía nada del Plan Marshall que permitió reconstruir Europa, Juan Fornés, natural de Pedreguer, comenzó a utilizar su bicicleta para comprar envasados y verduras para distribuir entre los comercios de su pueblo. Después compró una moto, y luego un carro, y más tarde un coche y un camión.

En el transcurso de la evolución en el modo del transporte, su padre, José Fornés le avaló ante el Banco Central un préstamo de 50.000 pesetas con el que su negocio tomó impulso. Poco después de que Massiel ganase la Eurovisión al son de un la, la, la, la familia ya distribuía a las tiendas de ultramarinos de la comarca, principalmente legumbres secas a granel, que hasta 1991 almacenaban en una sencilla nave de 700 metros cuadrados.

El primer conflicto grave para los Fornés llegó en 1981 con la apertura de su primera tienda, en Pedreguer, claro.

«Al pasar de mayoristas a vendedores sufrimos la hostilidad del resto de tiendas, que nos veían como competidores leales», explica José Juan Fornés, director general de la cadena de supermercados Masymas, que cerrará el año con un centenar de tiendas en la Comunitat Valenciana y Murcia, una facturación en torno a los 200 millones de euros y una previsión de que este año la plantilla alcance los 1.900 empleados.

José Juan Fornés es un hombre de aspecto pausado, que parece preferir escuchar a hablar, pero que deja brillar en los ojos claros una incesante actividad mental. A pesar de su aspecto prudente, sus actos delatan un espíritu emprendedor. Durante 27 años no ha parado de abrir supermercados mediante dos fórmulas que continúa combinando: la apertura de nuevos puntos comerciales y la absorción de cadenas de tiendas de tamaño familiar.

La pasada semana, su empresa inauguró en Beniel, Murcia, su primer supermercado fuera de la Comunitat. La moderación del nieto de José y del hijo de Juan no le impide decir las cosas claras, y fuentes del sector desvelan que, cuando es necesario, descuelga el teléfono y habla de tú a tú con los empresarios más poderosos de su ramo.

Poco a poco, granito a granito, la red comercial de Masymas se extiende haciendo honor a su nombre, sin que parezca darse por aludida por la crisis, pues el aumento de su facturación este año respecto a 2007 se prevé superior al 17%, con unos beneficios que rondan el 3% del volumen de negocio. Sus locales tienen un tamaño medio de 900 metros cuadrados en los cuales trabajan una veintena de personas. La dirección de la empresa funciona de manera familiar, pero muy eficiente, con personas que se conocen muchos años y que aparecen en las fotos de los pasillos de la sede de la cadena.

«Nuestro lema es que lo fresco es lo nuestro, y para eso estamos obligados a ofrecer una alta calidad y diferenciarnos respecto a la competencia ofreciendo venta de libre servicio (en bandejas) como venta asistida (detrás de los mostradores», explica José Juan Fornés, quien se siente muy orgulloso de que el 40% de sus ventas provengan de carne, fruta, pescado, charcutería y panadería: «algo que no puede decir todo el mundo y que demuestra la calidad del producto fresco que ofrecemos». Desde que volviese de la mili para ponerse a trabajar en la tienda de Pedreguer, la primera («en la calle Cervantes, 28», precisa y hace gala de una famosa memoria que le permite saludar a muchos de sus empleados por el nombre de pila), el mundo de los supermercados ha cambiado mucho.

«Las zonas de frío se han triplicado», comenta, mientras enseña una de sus tiendas y explica sus peculiaridades, ya que «en cada lugar, el cliente pide una cosa, y en las zonas de costa hay que contar con varias personas que dominen el inglés, además de, por ejemplo, aumentar el espacio destinado a productos para mascotas, que son muy importantes para nuestros consumidores anglosajones».

«La crisis no nos ha afectado en exceso porque el consumidor llena el estómago siempre, e ir al supermercado no es como comprar un piso», comenta José Juan Fornés, para quien la desaceleración «está afectando más de manera psicológica que de manera real».

El director general de Masymas considera que los clientes «son cada vez más exigentes, compran productos más fáciles de cocinar y, además, buscan los productos con componentes que mejoren su salud, ya que la población en general va envejeciendo y busca cuidar su colesterol, las calorías, las defensas…». Y ante nuevas acciones del ciudadano, Fornés señala las nuevas reacciones de su cadena de supermercados: «hay que adaptarse lo más rápidamente posible, y ofrecer comodidad, modernizar las referencias, incorporar productos extranjeros para la clientela inmigrante o turistas, ampliar los surgidos y, en nuestro caso, no aflojar respecto a la calidad del producto fresco».

En un sector tan competitivo como el de la alimentación, la firma valenciana apuesta «por la variedad de marcas y la venta asistida, sin vocación por impulsar en exceso las marcas propias».

Masymas cuenta con tres marcas blancas (Alteza, Selex y Centraline), con un total de 800 referencias en sus tiendas y un 15% de las ventas totales a través de esta fórmula, sobre la que señala Fornés: «no queremos superar el 20% de comercialización de marca propia, pues el riesgo de perder calidad por ofrecer mejor precio no nos merece la pena», algo que contrasta con la política de otras empresas de la competencia.

Respecto a la libertad de horarios propugnada por las grandes áreas comerciales, el principal responsable de Masymas habla claro y se posiciona en contra. «La actual situación de apertura de festivos y domingos es más que suficiente, y ampliar esos horarios no está justificado, ya que el consumidor tiene doce horas al día, seis días a la semana, para comprar, y la prueba es que muchos de esos días en los que se permite abrir a nosotros no nos compensa», indica.

Con ese mismo talante tranquilo, también califica de «infundadas» las acusaciones que las cadenas de supermercados reciben por parte de las asociaciones de consumidores y agricultores de inflar los precios de los alimentos básicos una vez llegan a las estanterías.

«Nosotros no estamos solos, hay más países, más supermercados, pequeñas tiendas, grandes centros comerciales… y nuestros márgenes de beneficio son los normales en el sector, que rara vez superan el 4%, lo cual es muy distinto al beneficio que generan otros negocios, no hay más que leer los periódicos, de modo que no existe ningún abuso, lo que ocurre es que controlamos nuestros costes, porque aunque registramos un gran volumen de facturación, los márgenes están tan ajustados que cualquier descuido te pone en apuros», declara José Juan Fornés, que rastrea entre sus papeles para cargarse de razón.

«Este es el folleto promocional de nuestra primera tienda», explica mientras señala el precio de una española marca de whisky (265 pesetas) y lo compara con el precio del aceite (189 pesetas), para asegurar que el alcohol «ha subido el precio, comparativamente, mucho más que el de los alimentos, básicamente porque los impuestos son mucho más altos».

Fuente: Las Provincias 06.07.2008

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