«Me enamoré hace 35 años del mercado Central»

El rincón de Vicente Gimeno. Vender en la catedral del comercio a Katherine Hepburn o Isabel Pantoja es «un lujo»

«Estoy enamorado del mercado Central pero sobre todo de la cultura del mercado, del bullicio, del trato humano». Vender kilos de amabilidad y calidad al corte en una joya modernista única, por la que circulan 15.000 personas al día, sólo está al alcance de algunos elegidos.

Uno de ellos es el presidente de los comerciantes y propietario del puesto de frutos secos más antiguo de este palacio de hierro y cristal. Esta fortaleza del buen comprar está vigilada, desde su atalaya, por la Cotorra. La veleta, según dice la leyenda, «la pretende la del pardal de Sant Joan, que está al otro lado», aclara Gimeno con voz confidente.

Lo cierto es que este lugar de peregrinación para hambrientos y amantes de la buena mesa recibe a ejércitos de japoneses «a las siete de la mañana, porque son los más madrugadores con diferencia. Si uno compra un cuarto de jamón, por ejemplo, los otros 33 querrán exactamente lo mismo».

El conjunto de tenderetes que se desmontaban a diario hasta el siglo XX se convirtió en «el centro neurálgico de la ciudad, de los comerciantes, los almacenes de seda y productos de importación. En la plaza se han hecho hasta corridas de toros y se ajusticiaba a la gente», explica Gimeno.

Cuando los arquitectos Francisco Guardia y Alejandro Soler comenzaron el proyecto en 1914 no sabían que «acabaría siendo la Ciudad de las Artes y las Ciencias de la época, era un monumento colosal para aquel tiempo. Los valencianos quieren mucho al mercado Central, lo sienten como algo ya propio. Rara es la familia que no pasa por estas fechas para ver los puestos».

En 1928 el rey Alfonso XIII inauguró un recinto que contaba con 1.247 propietarios repartidos en paradas de poquísimos metros. «Ahora somos 290 y hay grandes y cuidados puntos de venta. Hoy triunfa el que ofrece calidad».

Y es que hace 35 años «me sorprendía la oferta de productos que hoy nadie compraría por las condiciones higiénicas en las que estaban y lo más curioso es que la gente hacía cola en esos sitios.» La entrega del tradicional premio de la Cotorra del Mercat ha traído a personajes de alfombra roja y papel couché. El juez Baltasar Garzón sorprendió a Gimeno. Peinaron todo el mercado y alguien le preguntó si tenía miedo. «Si así fuera, no estaría aquí ahora mismo, respondió. Es muy campechano. Procede de un pueblo de Jaén. Su familia vendía melones en los mercados».

Katherine Hepburn vino a comprar al mercado acompañada de Richard Chamberlain, «el del Pájaro Espino, ese. Sólo quería comer jabugo. Le preparamos una bandeja y lo devoró. Ya era muy mayor. Nos pidieron más para llevárselo a Estados Unidos», relata.

Porque las bondades alimenticias del mercado Central llegan hasta cualquier rincón del mundo con un efectivo sistema de transporte de grandes distancias. «La Pantoja compraba verdura que se le enviaba a Madrid, pero antes de todo lo de Julián Muñoz, mucho antes».

Gimeno vende anécdotas como si fueran kilos de nueces. «Cuando vino Lina Morgan fue tal la avalancha de la gente y el clamor popular que me tocó llamar a la Policía Nacional y refugiarnos en una plataforma elevada que había antes». María Teresa de la Vega, «que es muy simpática y tiene una cinturita pequeñísima», Karlos Arguiñano o Ecclestone forman parte de la kilométrica ristra de personajes y anécdotas que Gimeno desgrana con la soltura del vendedor nato.

El culmen del glamur llegó con la cena que organizó Prada. «Fue la fiesta más grande que se ha hecho, vino toda la jet-set. Impresionante», recuerda, mientras mira la cúpula que contempla el trasiego diario del mercado a 60 metros de altura. «Es lo más bonito de todo».

Las Provincias 20.12.09

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