Vivimos en la prehistoria de la innovación

Aunque ya tenemos los instrumentos, los métodos y un montón de experiencias sobre cómo motivar a la gente para que piense, en el campo de la innovación está todo por hacer. Por ello, es necesario centrarse en cómo convertir estas ideas en resultados y, sobre todo, en un valor de nuestra empresa. Si un riesgo corremos ahora es pensar que estamos en el fin de la historia, cuando quizás estemos aun en la prehistoria. Esto es especialmente cierto en el mundo del management, donde muy poco ha ocurrido desde el fordismo tayloriano y las ideas de Peter Drucker sobre el trabajador del conocimiento. En el campo de la innovación está también todo por hacer. Si la innovación se define como la transformación de ideas en valor para el cliente, que genere resultados sostenibles para la empresa, podemos decir que en la primera parte, la de generación de ideas, estamos bastante bien. Disponemos de instrumentos, métodos, y un montón de experiencias sobre cómo motivar a la gente para que piense y repiense. Pero en el lado de la conversión de ideas en resultados, estamos realmente en la prehistoria. Muchas empresas afirman que el principal problema en la gestión de la innovación reside precisamente en cómo compatibilizar la generación del par ideas/valor con el “día-a-día” de las mismas. El segundo problema es cómo medir el éxito de la innovación (las métricas), o sea, como encontrar una relación causa-efecto entre innovación y resultados económicos. Además, la velocidad del proceso es intrínsecamente vital en un mercado acelerado como el presente.Modificar, mejorar y sustituir No se trata sólo de innovar bien, sino de hacerlo encima rápidamente. Especialmente en servicios, en innovación nos enfrentamos al dilema de cómo convertir rápidamente una idea/valor en una realidad que genera resultados, porque en esta transformación hay que “tocar” (modificar, mejorar, sustituir) montones de procesos. Y eso no es fácil. Además, la innovación es multidepartamental, en muchas ocasiones. En consecuencia, la necesidad de mantener el día-a-día de los procesos absorbe a muchos directivos, que, en esta situación, se vuelven enormemente escépticos sobre el “valor” (en términos de resultados) de la innovación. La innovación requerirá en los próximos años de un replanteamiento en esencia de lo que es una empresa, en especial, de cómo se rediseñan permanentemente sus procesos. En este sentido, el management se convertirá, seguramente, todo él en innovation management. La gran innovación de los próximos años es innovar en cómo innovar. O sea, innovar en cómo convertir las ideas con valor en resultados, con mucha agilidad. Superando los problemas del anclaje en el día a día y de la inercia de los procesos.

centrodeinnovacionbbva.com  12/07/2012 (ver artículo)

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