Jaime Lerner: “El problema de las ciudades hoy es la pérdida de su identidad y de su patrimonio sentimental”

Si hubiera que elegir la estampa que mejor representa a la ciudad brasileña de Curitiba, me quedaría con ésta. En una esquina de la calle Bom Jesús hay un edificio imponente: la sede de Petrobrás. A unos 20 metros se encuentra una pequeña iglesia y no muy lejos, el mercado de frutas. En medio de las construcciones, decenas de chiquillos juegan en un baldío tapizado de flores silvestres. Lo hacen, sonrientes, sin que ninguna persona mayor les custodie. ¿En qué otra gran ciudad sería hoy en día esto posible?

 

El arquitecto Jaime Lerner sonríe complacido, como si fuese la primera vez que escucha este comentario. Al finalizar la entrevista compruebo que el libro de visitas de su estudio está lleno de observaciones similares, dedicadas “al urbanista del futuro”.

 

Hombre voluminoso y afable, Lerner nos transmite un mensaje esperanzador: con una cuota de ingenio y buena voluntad, las megaciudades del siglo XXI pueden ser espacios habitables y no el Moloch de hormigón y acero que prefiguran las novelas de ciencia ficción.

 

P: Por primera vez, en 2008 el número de habitantes de las ciudades excedió al de las poblaciones rurales en todo el planeta. Además, ya existen 65 megalópolis con más de 70 millones de habitantes cada una. ¿No le parece alarmante?

 

 R: Densidad y calidad de vida… Algunos creen que una cosa no puede ir unida a la otra. Sin embargo, Tokio tiene 14.000 habitantes por kilómetro cuadrado y, según he podido comprobar, ellos no se sienten atrapados en una lata de sardinas. Se asfixian por la contaminación, que es otro problema. A mí la densidad no me asusta tanto como la expansión descontrolada de la periferia urbana. Esa fuerza centrífuga crea enormes problemas de circulación vehicular; puesto que al comienzo de día todo el mundo se desplaza en una dirección y al término de la jornada, en la dirección contraria. La tranquilidad que brindan los suburbios durante los fines de semana se paga con altos niveles de estrés durante las horas punta, que se prolongan cada vez más. Y otro asunto de enorme importancia es la necesidad de inversiones adecuadas para las infraestructuras imprescindibles.

 

P: En todas partes, la gente con recursos económicos quiere vivir en barrios alejados del bullicio, con zonas ajardinadas y buena vigilancia…

 

 

R: Es cierto, y supone un excelente negocio para las empresas constructoras, pero un mal negocio para los residentes en esos condominios. Porque la experiencia dice que si el delincuente no logra penetrar en la fortaleza, nada impide que espere a su víctima a la salida. Si se separa a la población por su nivel de ingresos, se le acaba creando enemigos. En cambio, la interacción entre las distintas clases sociales, mediante la prestación de servicios o el comercio, atenúa el fenómeno de la delincuencia. No soy tan ingenuo como para pensar que el proceso se pueda revertir de la noche a la mañana. Hablo de una evolución lenta. Yo tengo la suerte de vivir en una ciudad donde el 75% de la población habita en vecindarios diversificados. Resultado: Curitiba es hoy una de las ciudades más seguras de Brasil.

 

 P: ¿Qué propone usted para contener la expansión de las ciudades?

 

R: Repoblar las viejas zonas céntricas. No hablo de los cascos históricos, sino de los antiguos núcleos urbanos que tras el éxodo de sus ocupantes hacia los los espejismos de la calidad de vida, se convierten en barrios fantasmas, donde el delito campa a sus anchas. En algunas ciudades, como Santiago de Chile, se subvenciona a quienes compran o alquilan un apartamento en el centro. Muchos matrimonios jóvenes han optado por esa solución y, créame, no hay nada mejor que los jóvenes para resucitar las zonas moribundas.

 

 P: ¿En qué consiste la acupuntura urbana, esa práctica que usted ha exportado a varios países?

 

 R: En el corazón de Sao Paulo existía un barrio céntrico lleno de encanto –el barrio de Luz- donde se reunían escritores y artistas de todo tipo. Como resultado del abandono, el lugar se transformó en un antro de la droga conocido como Cracolandia, por el crack, un derivado barato de la cocaína. La acupuntura en este caso, consiste en restaurar un edificio para alojar artesanos y otro para pequeñas empresas de alta tecnología. Con la apertura de una nueva vía, el barrio de Luz quedará articulado a la pinacoteca, a la Universidad Libre de Música y a un parque de esculturas. El mismo tipo de intervención rápida, de bajo coste e indolora lo estamos aplicando en Moscú, La Habana y Luanda (Angola), por citar otros ejemplos. Con un poco de imaginación y voluntad de parte de las autoridades, se consiguen efectos superiores al de una cirugía estética.

 

 P: Para usted, el automóvil  es el villano de la película urbana.

 

 R: La ciudad concebida en función del automóvil es un proyecto inviable. En este tipo de ciudades se pierden infinidad de horas de trabajo a causa de los atascos y de la búsqueda de estacionamiento. A tal punto que el Banco Mundial u otras instituciones financieras se plantean la posibilidad de cortar los créditos a los municipios que no resuelvan el problema del tránsito motorizado. A las personas que me consultan les digo que con trazar nuevas vías automovilísticas lo único que consiguen es restar cabida a los espacios verdes. Es penoso ver cómo las circunvalaciones y las calles superpuestas mutilan el organismo vivo de una ciudad. Lo descuartizan.

 

 P: La solución es un buen transporte público. Pero a usted el Metro tampoco le agrada.

 

 R: El futuro del transporte público está en la superficie. En la mayoría de las ciudades donde existen redes suburbanas, éstas fueron creadas hace décadas o siglos atrás, cuando todavía era rentable excavar bajo la superficie. El Metro, como medio de movilidad ya establecido, funciona bien. Pero si nos proyectamos hacia el futuro, será muy complicado trazar nuevas líneas. Fíjese que en Nueva York tardaron 30 años -¡una eternidad!- en dirimir los pleitos judiciales relacionados con la apertura de la línea de la Segunda Avenida, y las obras para mover los desagües, las cloacas, sólo acaban de comenzar.

 

Por todo ello, después de analizar las diferentes alternativas, en Curitiba creamos líneas de autobuses de tres vagones que transitan por vías exclusivas (para cada recorrido), con una frecuencia de un minuto y embarque rápido de pasajeros. Gracias a este sistema, el 75% de los ciudadanos renunció al uso del automóvil para los desplazamientos dentro de la ciudad. Usted habrá apreciado que, las calles de Curitiba no parecen más congestionadas que en un fin de semana. Un día cualquiera, nuestro metro de superficie, por darle un nombre, traslada a 2.400.000 usuarios, más que el Metro y los trenes de cercanías que circulan por un gigante como Sao Paulo. Saber que nuestro modelo se pone en práctica en Mexico DF, Los Angeles, Singapur o Seúl es uno de los mejores estímulos de mi trabajo.

 

 P: Visitemos el lado más oscuro de las ciudades: las áreas de pobreza. Da la impresión de que en ese frente, los políticos, los sociólogos y urbanistas han tirado la toalla. ¿Qué me dice, por ejemplo, de las favelas?

 

 R: No comparto del todo su pesimismo. Si hablamos de Brasil, en los últimos seis años la miseria urbana ha disminuido en un 12% y los políticos no han tirado la toalla. Los arquitectos-urbanistas como yo, desde luego que no. El problema más grave de las favelas y, si abrimos el espectro, de muchas ciudades de todo el mundo, es el narcotráfico. Que no se haya encontrado la clave para desactivar esa bomba, no implica que no existan maneras de reducir la onda expansiva. Propuse a las autoridades de Río de Janeiro, la creación de zonas francas cerca de las favelas: espacios donde se puedan establecer pequeñas empresas exentas de impuesto, empleando la mano de obra de vecindario. Un aliciente para que los jóvenes no se enganchen al comercio de la droga. Si funciona en los cerros de Río, puede funcionar en cualquier otro barrio de chabolas del planeta. Le diré algo más: liberadas del yugo de las drogas, las favelas, con su privilegiado emplazamiento, con sus hermosas vistas de la bahía, serían un encanto de barrio.

 

P: Más de alguno dirá que Jaime Lerner tuvo varios factores a su favor: el carisma para ser elegido alcalde; el don de persuadir a empresarios solventes y la habilidad para crear consenso político en torno a sus proyectos en Curitiba.

 

R: Sí, pero también soy tímido y todavía me cuesta horrores verme sometido al escrutinio de los políticos y de los empresarios. (Medita unos instantes). Quizá por compensar ese defecto, me empeño en producir propuestas bien acabadas. Si uno está convencido de lo que quiere, es más fácil convencer a los demás.

 

P: ¿Cómo logró su equipo el Premio de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente? Hubo decenas de candidatos a ese galardón.

 

 R: Gracias a la basura (se ríe). Durante mi último mandato al frente como alcalde, la acumulación de desperdicios en la costa del Estado de Paraná llegó a constituir un peligro para la salud de los bañistas. Mejor dicho, estaba prohibido bañarse en esas playas. En vez de buscar a un contratista para hacer la limpieza, hablamos con los pescadores de la zona. Les propusimos comprar la basura que atrapaban en sus redes, para luego reciclarla. El experimento creó un círculo virtuoso, ya que los cardúmenes que habían huido por la contaminación volvieron a esas aguas. El mismo principio se aplica hoy en otras ciudades costeras como Brisbane (Australia), Dubai (Emiratos Arabes) o Puerto Limón (Costa Rica). En Curitiba llegamos a un acuerdo similar con los pobladores de la zona para limpiar los basurales de la zona norte, donde más tarde mi sucesor en la alcaldía creó una laguna artificial con aves y flores acuáticas.

 

 

 

P: Hay una cuestión de orden existencial que quizás nunca pueda ser resuelta. Es que muchos perciben la ciudad como un hormiguero cruel y frustrante que anula su propia identidad.

 

La ciudad como un ente fuera del control de los hombres, disparada por su propia dinámica en una carrera hacia la hecatombe, es un motivo que se refleja en la película Blade Runner o en la novela Manhattan Transfer (John Dos Pasos). Yo opino que esa percepción no está vinculada a las dimensiones de una ciudad, como a la pérdida de sus señas de identidad. Por eso, junto con el patrimonio histórico –una catedral, un monumento-, se debe consevar el patrimonio sentimental que puede ser un viejo almacén, una antigua fábrica. Aquello que pasa desapercibido a los ojos de un turista, pero que hace al sentimiento de pertenencia del lugareño. Destruir esos referentes es como rasgar el retrato de nuestra familia.

 

Jaime Lerner

 

 

Ocupación: Asesor de Asuntos Urbanos de la ONU

 

Edad: 71 años

 

Formación: Licenciado en Arquitectura por la Universidad de Paraná (Argentina)

 

Credo: Judío por tradición

 

Sueño: Trabajar en el mayor y más variado número de ciudades

 

 

Fuente: El Mundo 24/01/2009 vía SIP AGECU

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