Los autónomos piden un Plan Renove para el comercio

Ángeles Pelegay tiene una imprenta-copistería, que está acusando el impacto de la crisis por el retraimiento del consumo y dos nuevos focos de problemas: el aumento de impagados y las dificultades para acceder a financiación. “Por un lado, conviene ir al contado y no fiarse de nadie. Por otro, los bancos y cajas no prestan tan alegremente como antes y no avalan nada”, explica. Ángela es, además, la coordinadora nacional de la organización sectorial de comercio de UPTA, y, ante el deterioro de la situación, aconseja una revisión a fondo del modelo de negocio de cada comerciante.

El pasado julio, las ventas minoristas cayeron un 4,8% en tasa interanual y, según cálculos de ATA, 80.000 comercios se verán obligados a echar el cierre por la crisis económica (el 10% del total). La gente compra menos que antes, y el director de Política Sectorial de UPTA, César García, considera que el Gobierno debe emprender una acción decidida para reactivar el sector. ¿Cómo? A través de un Plan Renove para el comercio, similar al que existe para la vivienda. “Hacen falta subvenciones que permitan un lavado de cara del pequeño comercio”, subraya. En su opinión, las ayudas públicas deberían orientarse en dos frentes: las nuevas tecnologías y los elementos de la estructura física, como, por ejemplo, los escaparates, para que los locales se modernicen y ganen en atractivo.

Falta de coherencia

“Cuando lo grande se tambalea hay que prestar todavía más atención a lo pequeño”, recuerda García, que también destaca la importancia de que las comunidades autónomas se impliquen en esta iniciativa, para neutralizar “la falta de coherencia del urbanismo comercial”. No es lógico, además, que en las zonas de nueva creación resulte imposible instalar pequeños comercios. “Las VPO suelen tener bajos de hasta 900 metros cuadrados indivisibles. Perfecto para un supermercado… e inalcanzable para una frutería”, dice.

Para las tiendas que llevan años en funcionamiento, la clave de la supervivencia radica, en buena medida, en la formación de sus propietarios y dependientes, y en el asociacionismo: unirse a organizaciones de apoyo mutuo que editen decálogos de buenas prácticas y realicen campañas de promoción conjunta.

Pelegay recomienda, además, una reflexión triple: en materia de horarios, de control de gastos y de especialización. A su juicio, por las tardes los comercios deberían retrasar su apertura hasta más allá de las siete y quedarse hasta las 22.00-22.30 para ajustarse mejor a las necesidades de su público y evitar que el abierto 24 horas de las grandes superficies les gane aún más terreno. Por otro lado, el propietario del negocio en cuestión debería analizar cuidadosamente sus inversiones, para optimizar la rentabilidad de los productos que compra. Y, finalmente, debería “volver a estudiar la demanda de la puerta. Hoy, más que nunca, hay que escuchar al cliente”.

Fuente: Público 19/09/2008

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