Monumentos del comercio

El paso de los años, guste o no, arrastra consigo recuerdos y tradiciones que solamente perduran gracias al tesón de quienes luchan a diario por mantenerlo vivos. Hablar de tradición en Valencia supone, inevitablemente, remontarnos a una época en la que la ciudad lucía en todo su esplendor gracias a su actividad comercial.

 

Valencia no es ajena a los movimientos de las ciudades con un comercio activo y, así, ha ido cediendo a las tentadoras ofertas de las firmas comerciales y de las franquicias, que han tomado posiciones en los mejores locales de la ciudad y, sobre todo, del casco antiguo.

 

Las firmas tradicionales, que resistieron durante generaciones los envites de la competencia, continúan haciéndolo: son monumentos comerciales.

 

La fisonomía comercial está mutando. La última en ceder a la tentación, por estar situada en pleno corazón de la ciudad, más exactamente en la calle de las Barcas, ha sido la papelería Sena Alós, a la que generaciones de valencianos han acudido a comprar artículos de la amplia gama de material escolar, disfrutando de un trato exquisito. Se ha trasladado a Transits.

 

A bote pronto, en esta misma artería ciudadana, hay que recordar la desaparición del quiosco Quilis, situado en forma de tranvía a la entrada de un patio que daba acceso a un hostal, la farmacia Loras y la librería Bello, entre otros comercios.

 

Hoy en día, a pesar de que corren tiempos de nuevas tecnologías, grandes superficies e innovación, aún existen comercios que conservan su sabor tradicional y se enfrentan a la batalla sin miedo y con las mismas armas de siempre, la calidad y la estrecha relación entre cliente y vendedor, como es el caso de la Perfumería y Droguería Cordellat, situada en la calle de la Corretgería, con sus estanterías pintadas de color verde y sus anaqueles atiborrados de frascos con pigmentos de distintos colores, regentada por Juan Carlos Cordellat, la tercera generación de drogueros.

 

«Esta tienda la fundó mi abuelo en 1947, antes había sido una carbonería y mi abuelo la convirtió en droguería. Toda la estructura de madera la trajo de otra tienda de Torrent y se acopló a esta. Todo un alarde de carpintería, pues está encajada pieza a pieza. No hay clavos. Fue un gran emprendedor», destaca Juan Carlos, que por nada del mundo desea perder la tradición del pequeño comercio familiar.

 

En la misma calle Corretgería, frente por frente con la Droguería Cordellat se encuentra la conocida Casa Viguer, fundada en 1886. La familia del Luis Viguer, su fundador, ha mantenido el comercio a través de cuatro generaciones. Ha sido y continúa siendo el paraíso de los pintores y de los arquitectos.

 

Se accede al comercio a través de una puerta de cristales emplomados con diseños de colores. Su interior ha cambiado, solo perdura un bello artesonado de madera. El resto es más funcional, para poder trabajar con mayor comodidad, como destaca Francisco Gómez, empleado.

 

La trastienda del comercio fue antaño lugar de reunión y tertulia de Sorolla y Pinazo. «Por aquí han pasado Michavila, Nassio, Lozano y Silva», señala Gómez.

 

Otro ejemplo de supervivencia y de no dejarse tentar por ofertas y franquicias es la tienda dedicada a la venta de chocolate y bombones cuyo propietario, Salvador Sanz, lleva más de 30 años al frente.

 

El establecimiento está en la plaza de Santa Catalina, una artería comercial muy visitada. La calle y plaza conserva el tradicional ambiente de las dulcerías. «Hace 30 años que compré este establecimiento a su antiguo dueño que también vendía chocolate y fabricaba los típicos bollos de chocolate en la trastienda», destaca Salvador Sanz que conserva los hábitos de las tiendas de dulces. al vestirse con un guardapolvo de color blanco. En la misma zona nos encontramos con dos acreditados establecimientos como son El Siglo y la Horchatería de Santa Catalina, esta última con más de 200 años de historia.

 

Muy cerca, la plaza Redonda, en obras, y con su característica cubierta central que alberga a las tiendas en forma de mercadillo y cuyo proyecto urbanístico aprobarán los vendedores el próximo mes de marzo, como señala Rosa Tomás, propietaria de la mercería que fundó su abuela. Rosa es la tercera generación y no piensa marcharse.

 

«Es nuestra vida y tengo que decirle que vamos capeando el temporal de la crisis. Esperamos con ilusión las obras de rehabilitación de la cubierta, pero tengo que decirle que la gente que viene se muestra muy satisfecha porque al fin se hacen las obras de la plaza y ello atraerá a más gente», destaca Rosa Tomás.

 

En la plaza de Lope de Vega contemplamos la desaparición de dos conocidas platerías; una, la de la viuda de Vivó Maraguat, fundada en 1882, famosa por sus colecciones de objetos ornamentales y cuberterías de plata, y que desde hace años ocupa una tienda especializada en libros antiguos propiedad de Roberto Pérez y Desamparados Jorques; y la llamada Platón Sarti, datada en 1880 en la que numerosos valencianos han comprado todo tipo de artesanos trabajos y los clásicos rosarios para la primera comunión, así como los cubiertos delicadamente grabados. Para el recuerdo las desparecidas platerias y joyerias El Sol; la Luna y Las Estrellas.

 

El comercio El Reloj de Arena cambió su primitivo lugar en la calle Trench, cargado de historia, por otro en la calle Linterna. Al frente el matrimonio formado por Ana Serra y Miguel Espinosa. «Tengo el honor de haber sido la primera mujer que salió de la Escuela Oficial de Relojería de Valencia en 1969. La tradición viene de mi padre que tenía comercio en Mislata, primero fue de abanicos y paraguas y luego relojes. Nosotros continuamos la tradición», señala Ana Serra.

 

Fuente: Las Provincias 09.11.08

Si te ha gustado, hazlo social Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on Facebook
Facebook
Share on LinkedIn
Linkedin
Pin on Pinterest
Pinterest
Print this page
Print
Email this to someone
email
× WhatsApp