¿Qué negocios pueden resistir mejor la crisis?

En un momento delicado para el pequeño comercio por la caída del consumo, los negocios dedicados a la alimentación, el bienestar y el ocio resisten y tienen mayores posibilidades de ganarle la batalla a la crisis.

 El año pasado el comercio español perdió 40.000 establecimientos por el impacto de la crisis, según datos de la Confederación Española de Comercio (CEC), que prevé un 2010 similar, lo mismo que la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA), que cifra en 3.987 los comercios cerrados ya en enero y estima en unos 2.000 los cierres en febrero. Sin embargo, el secretario general de CEC, Miguel Ángel Fraile, cree que «se está tocando fondo y es momento de oportunidades», sobre todo para los negocios dedicados a la salud, el bienestar, el deporte y el ocio. Por su parte, Lorenzo Amor, presiente de ATA, piensa que «en los próximos meses el consumo va a tener vaivenes» y la caída de la actividad será menor en los sectores de la alimentación y la cosmética, frente al mayor deterioro del textil, el calzado y el equipamiento para el hogar.

A juicio de Amor, los comercios de proximidad y los que ofrecen productos de primera necesidad «podrán aguantar mejor» la deteriorada situación económica. De hecho, según los datos que maneja, desde el inicio de la crisis las actividades comerciales relacionadas con el hogar han caído más de un 40%, y el textil y el calzado, entre un 25% y un 30%, mientras que la alimentación ha descendido en torno al 10%.

Asimismo, para Fraile, «hay hueco de mercado» para las tiendas de salud, dietética y aventura pese a la crisis porque «nos cuidamos más y buscamos nuevos alicientes». Además, explica que la tendencia es que aumenten los negocios que sepan establecer una buena relación calidad-precio y ofrezcan productos «saludables y respetuosos con el medio». Destaca la proliferación en la rama de la restauración de los locales tipo catering o de comida para llevar, que, en su opinión, ponen sobre la mesa productos «a precios más razonables que se adaptan a lo que ahora más se demanda».

La experiencia del éxito

Un ejemplo de éxito frente a la crisis es el negocio que emprendió en septiembre del año pasado Matías Guisado Arribas. Este joven de 32 años decidió abrir Domesticum, un local de comida casera y gourmet para llevar que «está dando beneficios desde el primer mes, algo que no entraba en mis cálculos», afirma. Tras fijarse en una cadena de tiendas de comida preparada de la que era cliente habitual y estudiar el negocio «por curiosidad», comenzó a hacer números y «parecía un negocio rentable», explica.

Asimismo, tuvo en cuenta algunos artículos sobre la crisis y los negocios aparecidos en los medios de comunicación y sacó algunas conclusiones: «Si los restaurantes pierden clientes, no todos irán a McDonal’s, por lo tanto hay un grupo de gente que requiere de una comida de gama alta pero no a precios de restaurante», comenta. «Por otro lado -añade-, creo que este tipo de oferta responde a otro factor: en muchas familias actuales, donde trabajan los dos miembros de la pareja, no hay tiempo para cocinar».

Con la idea ya madurada, Matías, que disponía de capital para poder autofinanciarse, se lanzó a la búsqueda de un local adecuado. Finalmente, con una inversión inicial de 200.000 euros, ubicó Domesticum en Majadahonda (Madrid), en una zona comercial rodeada de viviendas, de alto poder adquisitivo y sin competencia directa. Aunque el negocio aún está dando sus primeros pasos y «resulta difícil evaluar si hay productos que no se vender por la situación económica o porque no gustan», este joven emprendedor prevé seguir creciendo -actualmente crece a un 4% acumulado por semana- captando y consolidando clientes, y abriendo más locales e incluso una cadena «si todo sigue a este ritmo, siendo prudente y sin perder la calidad», concluye.

Otro emprendedor que está desafiando a la crisis es D. A., un zaragozano de 35 años que tras perder su trabajo en el castigado sector de la construcción decidió tomar las riendas el pasado mes de diciembre de un gimnasio en el municipio zaragozano de Alfajarín. Se trata de una concesión del ayuntamiento para gestionar el negocio a cambio de un alquiler mensual. D. A. y su socio realizaron una inversión de unos 4.000 euros para mejorar las instalaciones y en estos tres meses ya han logrado recuperar la inversión y están empezando a obtener ganancias, ya que han aumentado el número de socios con respecto al anterior gestor.

No obstante, siempre hay cabida para las buenas ideas, subraya Fraile; sólo hace falta «ilusión, coraje y un buen proyecto». Tradicionalmente, el pequeño comercio ha sido un sector refugio para empleados que han sido despedidos y disponen de capital. Una opción, teniendo en cuenta las limitaciones actuales del crédito, es unirse a una franquicia. «Pero no hay que tirarse sin red», avisa el secretario general de CEC. «Es conveniente hacer un buen estudio previo de mercado y ajustar bien la inversión buscando los artículos que son más convenientes en el momento».

Una regeneración cada cinco años

Tras un año y medio crítico para el pequeño comercio, algunos locales que echaron el cierre por culpa de la crisis están abriendo de nuevo sus puertas convertidos en nuevos negocios. Pero, tal y como apunta Miguel Ángel Fraile, no estamos asistiendo todavía a un repunte de la actividad comercial, sino que se trata de una «regeneración normal del comercio», que se mueve por ciclos. «Hasta el año 2008 se abrían más locales de los que se cerraban, pero en 2009 la tendencia cambió por culpa de la crisis», señala.

No obstante, aproximadamente cada cinco años se renueva un 20% de la oferta comercial porque algunos negocios no tienen éxito y cambian de orientación, aparecen actividades nuevas o cambian los sistemas de venta, explica Fraile. «Hace diez años había muchos videoclubs y hace tan sólo cinco no había tiendas de telefonía», argumenta. Además, actualmente estamos asistiendo a la sustitución de comercios autóctonos por tiendas inmigrantes, sobre todo en alimentación, y «el bazar chino tradicional ahora también tiene textil», sostiene. Además, hay que diferenciar el comercio de otras actividades económicas que surgen al compás que marca la evolución de la economía. Destacan las agencias inmobiliarias, que se dispararon en la época del ‘boom’ inmobiliario y ahora han tenido que cerrar por la crisis del ‘ladrillo’. También oficinas bancarias o consultorios médicos.

Lorenzo Amor admite «una posible sobredimensión de la oferta comercial en los últimos años». Explica que al hilo de la marea constructora «todos los bajos de los edificios se llenaron de locales comerciales», al tiempo que se expandieron los grandes centros comerciales, de modo que la crisis «ha hecho un poco de criba». Comenta que, aunque en 2010 se seguirán perdiendo comercios ante la falta de financiación y de confianza en la economía, en los centros urbanos seguirá habiendo una rotación «abundante».

CincoDías.com 17/03/2010

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