A nadie se le escapa que estamos viviendo la mayor crisis económica desde el crack del 29, aunque se haya querido negar durante muchos meses. La aldea global en la que se ha convertido el mundo actual ha hecho que las proporciones y repercusiones se magnifiquen. Los grandes titulares relacionados con multinacionales, con crisis bancarias, estafas multimillonarias, etc. impiden ver una realidad mucho más cercana: la de las pequeñas empresas que intentan mantener su actividad en este desolador panorama. Y de esto los comerciantes sabemos, y mucho. Es decir, por un lado nuestras ventas se resienten por el freno al consumo y por otro los bancos y cajas nos niegan créditos a empresarios con un historial intachable. ¿Hasta cuándo creen que podemos seguir así?
No es hora de buscar culpables, esta situación ha superado todas las predicciones, y a la vista de sus fatales repercusiones en todos los sectores productivos merece soluciones que vayan más allá de intentar solventar los problemas coyunturales. Esta crisis merece un gran pacto económico social que articule profundas reformas estructurales que a medio y largo plazo ponga las bases de un sistema económico y financiero que evite los graves efectos que se han desencadenado en el momento actual.
Superar esta crisis requiere un gran esfuerzo por parte de todos los agentes económico-sociales, y un firme y comprometido liderazgo por parte de las administraciones que son las que pueden articular esas medidas ya no necesarias, sino imprescindibles. Hasta el momento los planes diseñados para activar la economía no están resultando eficientes y los empresarios se enfrentan cada vez con mayores dificultades para poder mantener su actividad y sus plantillas. Se está destruyendo tejido empresarial a todos los niveles, pero las pymes son las más perjudicadas porque son las primeras en notar los efectos de la falta de financiación y cuentan con menos margen de maniobra que las grandes multinacionales, que cuentan además con mayores ayudas por su mayor repercusión mediática.
Desde Covaco, como representantes de los empresarios del comercio consideramos que la salida de esta crisis pasa por la articulación de medidas reales, que consigan recuperar la confianza de lo que consideramos los tres pilares básicos de nuestra economía: familias, pymes y autónomos. Porque si los consumidores recuperan su capacidad de compra los comercios veremos recuperada nuestra actividad, y por tanto compraremos a proveedores, con lo que la industria se beneficiará, con lo que se generará de nuevo empleo? Por lo tanto, es labor de todos los agentes económicos: administraciones, entidades financieras, organizaciones empresariales, de consumidores? crear ese escenario de confianza. Somos conscientes de la magnitud de la empresa, pero es lo que demandan las actuales circunstancias económicas.
Y en este complicado panorama, el sector comercial debe asumir el gran reto de articular una nueva legislación sectorial que adapte la Directiva de Servicios Europea a nuestro ordenamiento. De cómo se articule esta transposición también depende el futuro del comercio urbano tal como lo conocemos. Sabedores de la importancia de este hecho y de su trascendencia, se hace imprescindible que se establezca un marco legal para el comercio que tienda al equilibrio entre formatos, que permita el buen desarrollo de las empresas comerciales en buena lid, asegurando a los consumidores su derecho de elegir y fomentando la consecución de un territorio sostenible, tal como marcan los principios europeos.
Es un hecho evidente que el 2009 es un año clave para nuestro sector y desde esta confederación no cejaremos en el empeño de conseguir que el comercio urbano sea respetado como el agente económico y social de primer orden que es, reivindicando allá donde fuera necesario las medidas necesarias y oportunas para mantener su status y trabajar, en colaboración con administraciones y demás sectores, en poder salir de esta crisis y establecer un futuro marco legal justo.
Levante 10/02/2009
Artículo de opinión Pedro Reig, presidente de COVACO


