Valencia: Tiendas de toda la vida

       Negocios antiguos conviven con las grandes firmas

       La asociación de comerciantes pide facilidades para comprar en el centro histórico

Carmen ha vivido toda la vida en Russafa y recuerda las compras con su madre y su tía, ambas modistas, por las tiendas del barrio. Entraban a paqueterías, tiendas de telas o droguerías. «Es una pena, cada vez hay menos negocios con este tipo de productos»

Es cierto que los nuevos hábitos, la falta de relevo generacional o el tirón de los centros comerciales han acabado con negocios que pasaban de padres a hijos, pero la salud de estos comercios -muchos de productos artesanales es mejor que en otras ciudades españolas. «El centro histórico de Valencia es el mayor de Europa y aún existen muchos comercios antiguos muy bien llevados», afirma Salvador Ferrandis, presidente de la Asociación de Comerciantes del Centros Histórico de Valencia.

Mantenerlos abiertos es complicado. Algunos propietarios saben que su tienda morirá con ellos, pero otros han sabido reconducir el negocio y mantenerlo vivo, como la Tienda de las Ollas de Hierro o la Relojería Sánchez, de las más antiguas de la ciudad. «Hay que evolucionar y buscar alternativas, porque todavía hay mucha gente que valora la artesanía y la atención personalizada», añade Ferrandis. El presidente de la asociación añade que debería haber un apoyo de la administración para facilitar el aparcamiento, la accesibilidad o la carga y descarga.

PROPIETARIOS

Telas en un escenario con solera

Almacenes San Vicente (en la calle que le da nombre) es el último superviviente del centro comercial del que formaba parte. Desde 1988 Miguel Alejos lleva este negocio de productos textiles para el hogar en la planta baja. Desde entonces, los únicos cambios que ha hecho tienen que ver con las nuevas colecciones y los escaparates, muy mimados. El servicio es «personalizado y de calidad», como antaño. Tampoco ha cambiado la decoración de la tienda, en la que se mantiene el mobiliario y los suelos originales. «Sería una pena cambiar algo que tiene tanta solera».

La vida desde Lanas la Estambrera

Emilio Camps se jubiló hace dos años y ahora es su mujer Trini la que se encarga de Lanas la Estambrera, en la avenido María Cristina. El mostrador de esta tienda ha estado recibiendo clientes desde 1936, cuando lo abrió al público el padre de Emilio. Por allí cuenta que han pasado mujeres que venían a comprar desde Llíria o esposas de notarios que buscaban el mejor género para tejer jerseys a sus nietos. Emilio habla con nostalgia de estas pequeñas escenas cotidianas, poco usuales estos días. Ahora el futuro es incierto. «Seguramente se cierre cuando mi mujer se jubile», se lamenta.

Cerámica para una clientela diversa

Los hermanos Monleón no se plantearon un futuro distinto. No recuerdan la fecha en la que su bisabuelo abrió la tienda de cerámica artesanal Colla Monlleó, en la plaza Redonda, pero explican que su padre nació allí, en la planta de arriba, y que se recuerdan correteando entre vasijas y platos desde pequeños, como lo hacen ahora sus hijos. La tienda está especializada en cerámica valenciana, «pintada a mano y de calidad», incide Amparo, una de las hermanas. Es un negocio singular, de los que quedan pocos, y que tiene un público diverso. Jóvenes y mayores se interesan por estos productos, que también gozan de mucha popularidad entre italianos y rusos

ADN.es 24/01/2011 vía SIP AGECU (www.agecu.es)

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