El paro y el cierre de comercios disparan la venta ambulante en los mercadillos

En Valencia, se han presentado 500 solicitudes para 32 puestos vacantes«Trabajaba en la construcción y me he quedado en el paro, y como no encuentro nada he pensado que así podía ir tirando, pero lo veo muy difícil». El fuerte acento rumano de Florin, que lleva 9 años viviendo en Castellón, no oculta su desesperación. El subsidio por desempleo se le ha acabado y sólo ve una salida para su familia en la venta ambulante. No es un caso ni mucho menos único.

Las peticiones para instalar puestos en los mercadillos de la Comunitat se han disparado, y con ellas la lista de espera puesto que, en la mayoría de casos, hasta que no se producen vacantes o expulsiones de usuarios no se da entrada a nuevos candidatos.

Los interesados son tanto desempleados como comerciantes que han cerrado sus negocios o que buscan en la venta en la calle un plus de ventas.

«Se necesita poco dinero para venir a un mercado», apunta el presidente de la Unión de Vendedores Ambulantes de Castellón, Juan Jarque, como explicación al ‘boom’ de peticiones. Y el papeleo es mínimo. Basta, dice, con darse de alta en la Seguridad Social como autónomo y estar al corriente del Impuesto de Actividades Económicas. Algunos ayuntamientos, que controlan la práctica totalidad de los mercadillos ambulantes, exigen también el alta en el registro de comerciantes ambulantes o el seguro de responsabilidad civil. Pese a ello, una de las principales ventajas que pueden obtener los comerciantes es evitar el mantenimiento y el alquiler, en su caso, de un local fijo.

Uno de los casos más llamativos es el de Valencia. El pasado lunes se cerró el plazo de solicitud de licencias, que desde 2002 no se había convocado. La Concejalía de Mercados del Ayuntamiento de Valencia ha recibido 500 solicitudes, 200 más que en 2002. Y ello pese a que sólo se ofertaban 32 puestos que habían quedado vacantes. El censo de vendedores alcanza los 800.

El interés por conseguir plaza es tal que, en municipios como Torrent, que instala en sus calles dos mercadillos -los viernes y los sábados-, el técnico encargado del área de Mercados recibe una llamada al día de personas interesadas en la venta ambulante. Se trata, tal y como explican fuentes municipales, de personas que nunca se han dedicado a esta labor y que optan por ella como vía de salida a una difícil situación económica.

«La gente opta por lo que parece más fácil», añade el presidente de los vendedores ambulantes de Castellón, que gestiona tres mercados en la provincia de los que dependen 800 personas. Es la única entidad privada de España que gestiona mercados ambulantes. La inmensa mayoría de los mercados son administrados por los Ayuntamientos, lo que supone, según Jarque, más de 8.100 puestos de venta diarios. «Si en cada uno se ampliaran los puestos en 10, estaríamos hablando de 80.000 personas más trabajando», añade, apuntando a la Administración como la que verdaderamente puede dar respuesta a la demanda.

Búsqueda de trabajo

«La gente lo está intentando todo porque necesita trabajar. Esto es un problema de Estado», apunta el presidente de los vendedores ambulantes de Castellón. Hay ‘overbooking’ de demanda. Y para muestra, da un botón. Si la asociación tiene un centenar de socios, en estos momentos las solicitudes triplican esa cifra.

En Burjassot también han detectado un repunte de solicitudes que, según explicaron fuentes municipales, no podrán ser satisfechas. En el mercado ambulante que se monta los miércoles en los alrededores del Consistorio de Burjassot hay un centenar de puestos fijos, a los que se suma una treintena de paradas que entran dentro de un sistema ‘de fallo’. Ello supone que, si un día no acude el responsable del puesto, su parada se sortea entre las personas que integran la lista, en la que están apuntadas una treintena de personas.

No obstante, explicaron las mismas fuentes, ya hay una reserva de 80 personas que quieren engrosarla, tarea difícil porque «normalmente no hay muchas bajas en el mercado», apuntan. Burjassot, además, tiene pendiente la reforma del mercado municipal, que ampliará sus puestos de 20 a 22.

En Castellón hay más casos llamativos. Más de 200 personas están en lista de espera en Vila-real para obtener la licencia municipal que les permita vender en la calle. No lo tendrán nada fácil puesto que apenas hay 30 plazas. En Onda, la situación es similar. Existen 168 plazas en mercadillos y una lista de espera de 58 personas.

Y es que algo que era relativamente sencillo en algunos municipios, sobre todo pequeños, es ahora una misión casi imposible. Apenas se dan de baja los que tienen licencias en activo.

Cada municipio tiene su propia normativa reguladora de los mercados municipales y ambulantes. En Torrent, por ejemplo, los vendedores con un puesto ambulante deben abonar una tasa de 1,27 euros por metro lineal del puesto y día de ocupación. Entre los dos mercadillos funcionan 420 puestos. En otros casos, como Gandia (cuenta con 366 puestos repartidos en tres mercadillos), las tasas oscilan entre 1,20 euros y 2,40 euros por metro lineal y día.

Hay otras localidades, como Quart de Poblet o Gandia, donde aseguran no haber detectado un volumen especial de peticiones respecto a otros años.

¿Por qué se tiene tantas esperanzas en los mercadillos ambulantes? Por una parte, los trabajadores en paro ven así una posibilidad de trabajar por cuenta propia, ya que las empresas tienen prácticamente cerrado el grifo de las contrataciones. Por otro, las estrecheces económicas han llevado a muchas personas a buscar oportunidades en los mercadillos. «La gente viene constantemente a los mercados porque le compensa por precio», señala Juan Jarque. No obstante, reconoce que no todos los puestos venden por igual. Los únicos que han crecido en volumen de ventas son las paradas que despachan frutas y verduras. «Todos los días se puede encontrar género fresco a mitad de precio que en supermercados», apunta Jarque como razón de peso.

Cambios de formato

El cambio de formato de pequeño comercio a puesto ambulante no es una tendencia que, en estos momentos, preocupe a los responsables de las principales asociaciones que representan a los comerciantes valencianos, tal y como apuntaron desde CECOVAL (Confederación de Empresarios de Comercio Valenciano), COVACO (Confederación Valenciana de Comercio) y FEVALCO (Federación Valenciana de Asociaciones Locales de Comerciantes). Desde esta última entidad, su presidente, Eugenio Soler, apuntó que sí es habitual, sobre todo en municipios pequeños, que los comerciantes que cierran sus locales revendan el género en stock a propietarios de puestos ambulantes.

Los comerciantes no están en contra de que se produzcan trasvases de un formato a otro, siempre y cuando se garantice el equilibrio. «Todo el empresariado está ahora muy preocupado», reconoce Isabel Cosme, presidenta de CECOVAL. Lo dice, sobre todo, por la política de guerra de precios. A su juicio, bajar precios es la peor opción, puesto que se recoge dinero sin beneficios. «No se puede mantener un negocio a la baja», añade.

Cosme hace también una llamada a los consumidores. Las consecuencias, apunta, se vivirán una vez remontada la crisis, cuando algunos usuarios quieran volver a los negocios de barrio, con producto de calidad y trato directo y cercano, y estos hayan desaparecido.

Las Provincias 23.11.09

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