La moda española busca un impermeable anticrisis

El desplome del consumo ha frustrado los planes de crecimiento de cadenas como zara y mango, que dominan la parte baja del mercado, en el que España es líder. Las marcas de diseñador, el colectivo más numeroso, se enfrentan a una reestructuración.

 

Los españoles han recortado su presupuesto para vestuario y, con él, la facturación de las empresas del sector textil. El gasto en prendas de vestir se situó en 2008 en torno a 18.315 millones de euros, es decir, 1.170 millones menos que un año antes, tras bajar un 6%, según los datos de la consultora TNS. «El año 2005 marcó el récord de ventas del sector, con un negocio de 20.000 millones», señala José Luis Nueno, profesor del IESE. Por esta razón, sostiene que «el sector está en declive desde antes de la recesión y, si ha aguantado más que en otros países, ha sido gracias a la aportación de cadenas como Zara y Mango».

 

El consumo de moda en España, un país con una larga tradición en industria textil, puede segmentarse mediante una pirámide. En la parte alta, figura el lujo –con Loewe, propiedad de Louis Vuitton Moët Hennessy (LVMH), como único exponente de origen español– y en la baja, las grandes cadenas. En el centro, aparecen las denominadas marcas puente –una categoría que tras la desaparición de Thomas Burberry queda sin representante nacional–, los diseñadores y las marcas de comercio multimarca (representadas por nombres como Pulligan o Margarita Nuez).

 

De este modo, el único segmento de mercado en que España es líder es en el de la gran distribución, con grupos como Inditex y Mango, que compiten con la cadena sueca H&M y la estadounidense GAP. Los diseñadores son, en cambio, el segmento más numeroso, pero con una escasa repercusión en cuanto a ventas y fama internacional, a pesar de excepciones como Custo Barcelona y Agatha Ruiz de la Prada.

 

El diseño, en problemas

Para Ángel Asensio, presidente de la Federación Española de Empresas de Confección (Fedecom), la crisis no es una desconocida para un sector que ha estado en reconversión durante la última década. Tras la desaparición de las cuotas que limitan las importaciones y la entrada masiva de productos asiáticos, la industria nacional perdió competitividad, lo que provocó la pérdida de 61.000 puestos de trabajo entre 2004 y 2008.

 

Ahora, según explica Asensio, las empresas que han sobrevivido están ahogadas por la falta de financiación y la rentabilidad de los fabricantes se está viendo dañada por el frenazo del consumo. Los primeros efectos se han dejado sentir en las compras por parte de las tiendas de las colecciones de la próxima temporada otoño-invierno. La demanda ha caído cerca de un 10%, a pesar de que los industriales han mantenido los precios.

 

«Las marcas españolas nos estamos resintiendo mucho –señala un diseñador independiente que no quiere ser citado–; ahora, somos más dependientes que nunca de las licencias y las ayudas públicas». El matrimonio entre industria y diseño no ha funcionado en España, a diferencia de lo que sucede, por ejemplo, en Italia. Así, a la mayoría de firmas les falta estructura empresarial y músculo financiero para crecer, tanto nacional como internacionalmente.

 

Incluso el mayor exponente del diseño español, Custo, busca un socio que le aporte recursos para su desarrollo. El capital riesgo es la opción más deseada por la mayoría de diseñadores, pero la crisis ha frustrado algunas de las iniciativas que comenzaban a forjarse. Éste es el caso del fondo IAME, que hace un año se propuso captar 500 millones entre inversores mexicanos y árabes. Otro ejemplo es el de la familia andorrana Reig, que ha pospuesto la creación de un fondo dotado inicialmente con 150 millones.

 

«Es un momento difícil, pero la creatividad surge en estas situaciones»”, asegura Modesto Lomba, presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España (Acme). La treintena de miembros que componen la patronal de los diseñadores genera 1.500 empleos directos. «Debemos recordar que somos empresarios y tenemos una responsabilidad con el empleo», afirma Lomba, que ve con buenos ojos los apoyos públicos al sector de Francia o Italia. La Perla, por ejemplo, ha logrado una bonificación fiscal por mantener la fabricación en el país transalpino.

 

‘Low cost’Pero no a todos los operadores les afecta la crisis de la misma manera. Frente a la ralentización del crecimiento en el mercado español de cadenas, como Massimo Dutti, Adolfo Domínguez, Pedro del Hierro o Mango, otras enseñas han encontrado en la recesión económica su oportunidad de desarrollo gracias a un modelo low cost. El fenómeno tiene nombre propio: Primark, cadena irlandesa que, gracias al boca a boca, se ha convertido en una de las locomotoras más codiciadas de los centros comerciales. Su éxito en España ha obligado a la competencia a reaccionar. Lefties, que nació como el outlet de Zara, ha cobrado vida propia (el 70% de su oferta es una colección propia) y está ocupando antiguas localizaciones de la cadena estrella de Inditex. C&A también ha dado su respuesta con Avanti, su fórmula de bajo precio recién estrenada.

 

Las perspectivas para 2009 no son halagüeñas. Nueno sostiene que la caída de las ventas provocará la desaparición de algunas marcas durante los próximos ejercicios, mientras las grandes cadenas frenan sus previsiones de crecimiento. El sector espera ahora la llegada del verano –cuando las prendas son más baratas– para remontar la caída del invierno.

 

La pasarela madrileña hace las maletas

Con una semana de antelación sobre el calendario oficial, David Delfin abrió el pasado viernes 13 de febrero en Nueva York la próxima edición de la pasarela madrileña Cibeles Madrid Fashion Week (que se celebra del 20 al 24 de febrero en los recintos feriales de Ifema). El diseñador malagueño, que se empeñó en debutar en la Gran Manzana, se ha convertido sin proponérselo en la punta de lanza del futuro desembarco de los modistos españoles en una de las tres pasarelas más importantes del mundo, junto con Milán y París.

 

La Asociación de Creadores de Moda de España (Acme) arropó a David Delfín en Nueva York, pero, sobre todo, trató de aprovechar el viaje para impulsar la participación de más diseñadores nacionales en la próxima edición de otoño. Aunque Cibeles se ha quedado como la única pasarela en España, tras la desaparición en 2004 de Gaudí (después de que la Generalitat catalana decidiera no seguir subvencionándola), no logra captar toda la atención internacional que desearían los diseñadores.

 

Se trata de un problema de agendas, ya que hay que encajar Cibeles con las pasarelas históricas. Otro de los grandes debates en torno a Cibeles es su financiación. Más de un 70% de su presupuesto (unos 3,5 millones de euros) es aportado por organismos públicos.

 

Expansión 18/02/2009

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