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¿Podemos confiar en las encuestas electorales?

por | May 16, 2011

Es tiempo de elecciones y con ellas vuelve la invasión de encuestas de diversa índole y pronóstico. En muchas ocasiones el desconocimiento sobre la materia y la controversia que generan nos hace dudar sobre dónde y cómo se han realizado y fácilmente ponemos en tela de juicio aquello que a priori nos parece menos creíble. Como tendemos a proyectar nuestro pensamiento en ellas, acabamos por creernos aquellas que se sitúan más próximas a nuestra manera de pensar, ya sea derivado de la credibilidad que otorgamos (subjetivamente) al medio que las publica o por los resultados que en ella se vierten.

Vivimos tiempos políticos tensos, de competencia máxima entre medios de comunicación y entre partidos, de falta de respeto y ética profesional en ciertas ocasiones, de escaso sentido de la convivencia y altura política y de agresividad electoral máxima y como resultado de ello tanto medios de comunicación como partidos políticos las han ensalzado, cuando ha convenido, como pronosticadores de cambios o realidades futuras inexistentes en la actualidad y de meros datos subjetivos o incluso “poco fiables” cuando los resultados no son del agrado del que los recibe. Al final, según el FI (Foundation for Information), el efecto de los sondeos en el  voto final es mínimo y completamente inofensivo, por mucho que unos pocos quieran atribuirles poderes mágicos de movilización masiva del electorado.

En su mera concepción las encuestas no están destinadas a acertar el resultado de las elecciones sino que son un instrumento capaz de reflejar la fotografía del momento en que se toman los datos, una instantánea, una foto fija de lo que la sociedad piensa hacer ante las urnas en un momento determinado. En sí mismas no son pronósticos de los resultados de la votación. Uno de los problemas que venimos teniendo las empresas de investigación es que nos intenten clasificar por el nivel de acierto en el resultado final y no por la rigurosidad científica del trabajo. La única encuesta que debiera reflejar los resultados finales sería la que se realizara a pie de urna el mismo día de la votación y aún en este supuesto (que se utiliza de forma regular) los resultados obtenidos en la encuesta no tendrían por qué corresponderse con el resultado final. 

El porqué de las encuestas electorales

Las encuestas electorales empiezan a utilizarse después de la segunda guerra mundial pero es en la década de los sesenta cuando fueron ampliamente utilizadas, con fines electorales, por los medios de comunicación y los partidos políticos. Desde entonces, el uso de encuestas ha crecido en términos casi exponenciales. En España, las encuestas electorales se inician con la llegada de la democracia y han supuesto un indicador más de modernidad y desarrollo así como de salud democrática del país. Las encuestas concedían a los ciudadanos un espacio anónimo de opinión, permitían conocer a los políticos la situación en la que se encontraban y ampliaba enormemente la capacidad informativa los medios de comunicación de entonces. Hoy en día, la variedad de encuestas, medios publicándolas y empresas independientes y acreditadas trabajando por mostrar “fotografías” e información del momento son una muestra de dinamismo, pluralidad y diversidad democrática por lo que cuantas más fuentes publiquen sus resultados mayor será el nivel de realidad y transparencia. Si los agentes quisieran apropiarse de la exclusividad de mercado o la rigurosidad informativa o fomentaran agravios comparativos con fines promocionales, estaríamos viendo mermar nuestra calidad democrática y libertad de expresión.

John F. Kennedy, Presidente de Estados Unidos entre 1961 y 1963, fue el primer candidato a la Casa Blanca que se basó en las encuestas para su estrategia de campaña, utilizando las encuestas para definir los puntos fuertes y débiles, su situación respecto a sus opositores y las cuestiones de interés ciudadano lo que sirvió para ayudarle a perfilar la planificación de su campaña. Una de las encuestas reveló que sólo el 30% de las familias enviaban a sus hijos a la universidad pero que el 80% anhelaban poder hacerlo en un futuro. De modo que, en su campaña por el país, como parte de su estrategia, Kennedy expuso un mensaje sobre la educación dirigido a una audiencia específica. Afirmaba que la educación era una prioridad máxima y que mejoraría las oportunidades de formación para los niños. El resultado de aquellas elecciones es de todos conocido: Kennedy se convirtió en el segundo presidente más joven de su país y en todo un icono de modernidad, progreso y esperanza.

En qué fijarnos  a la hora de evaluar una encuesta electoral

·         Que la encuesta se realice a cargo de una empresa independiente cuando no estamos hablando de encuestas públicas (CIS). Las empresas independientes especializadas ofrecen garantías y poseen la rigurosidad técnica y la obligación de cumplir con la ley y deberá velar porque los datos que se publiquen sean fieles a los obtenidos en el proceso de trabajo de campo previo y análisis posterior ya que la Junta Electoral puede recabar  información técnica complementaria y efectuar las comprobaciones que estime necesarias. La Junta Electoral Central  controla que los datos e informaciones de los sondeos publicados no contengan falsificaciones, ocultaciones o modificaciones deliberadas (art. 69.2 Ley Orgánica del Régimen Electoral General).

·         Que se incluya la ficha técnica, que deberá incluir las características técnicas del sondeo, incluyendo necesariamente el sistema de muestreo, tamaño de la muestra, margen de error de la misma, nivel de representatividad, procedimiento de selección de los encuestados y fecha de realización del trabajo de campo. Es muy importante disponer del nombre del organismo o entidad que haya realizado el sondeo, así como de la que haya encargado su realización. Así pues, si la encuesta la realiza el propio partido político o medio de comunicación con recursos internos deberá manifestarlo y haber informado al encuestado. En cuanto a la selección de los encuestados, la aplicación domiciliaria (ya sea personal o telefónica) parece ser la forma más neutral al ser el lugar donde vive el encuestado y donde menos sesgos se producen a la hora de contestar (deseabilidad social, etc.).

·         Que la empresa que realiza el sondeo haya suscrito un código ético. La pertenencia a organismos como AEDEMO o ESOMAR  hace velar por esta transparencia y neutralidad puesto que tienen suscrito un Código Internacional sobre publicación de resultados, obligatorio para sus miembros, que garantiza la confidencialidad, anonimato, imparcialidad y rigurosidad científica .

·         El tamaño no importa. El número de entrevistas requeridas para confiar en los resultados depende del universo o cantidad de población total sobre la cual se hace la encuesta. Si bien el tamaño muestral es importante, llegados a un número de encuestas determinado, el nivel de error no disminuye de forma proporcional al incremento de encuestas realizadas. Superado ese número determinado de encuestas, lo más importante es aplicar un buen muestreo, esto es, asignar un número de encuestas proporcional a las diversas variables censales de la población como edad, sexo, nacionalidad o zona en la que reside, si no queremos encontrarnos con resultados no representativos de la población. En 1936, Literary Digest utilizó una muestra significativa de 2.3 millones de votantes, en la cual habían determinado que la población norteamericana tendía a simpatizar con el Partido Republicano. Al mismo tiempo, George Gallup condujo una encuesta mucho más pequeña, pero con mejores bases científicas, utilizando muestras demográficas representativas. Gallup predijo la victoria de Roosevelt, en 1936, (quien fue reelecto cuatro veces) generando el primer hito en la historia de las encuestas de opinión pública.

·         Los factores de desprestigio más importantes son las deficiencias metodológicas, la manipulación de resultados, las encuestas por internet, que solo recogen la opinión de aquellos que se conectan a internet y visitan la página web que realiza el sondeo, y las pseudo-encuestas; aquellas en las que se pregunta a la gente pero de forma totalmente descoordinada y sin objetividad ni rigurosidad científica.

¿Cuáles son las responsabilidades de los diferentes agentes?

La responsabilidad de las empresas de investigación es la de seguir principios metodológicos científicos, disponer de personal cualificado, trabajar con estándares de calidad, cumplir fielmente los códigos nacionales e internacionales de ética y publicar según la ley. En el caso de los políticos, su responsabilidad con las encuestas es la de usarlas para lo que realmente se diseñan (orientar la toma de decisiones sobre estrategia y comunicación), contratar profesionales acreditados de la investigación pública, abstenerse de usar las encuestas como misiles contra el político rival y abstenerse de malas prácticas. Finalmente, la responsabilidad de los medios de comunicación es la de publicar sus propios estudios realizados de forma neutral e independiente de acuerdo con las normas nacionales e internacionales y velar por la responsabilidad social y neutralidad en los textos.

La variedad de datos y estudios con base científica son un privilegio propio de una sociedad dinámica y moderna, cuyos ciudadanos disponen de acceso a la información y son capaces de interpretar, leer, manifestarse, juzgar y otorgar a cada encuesta y propuesta electoral su debida credibilidad. Nos proyectamos hacia una democracia más avanzada cuando somos capaces y asumimos la responsabilidad de generar nuestra propia opinión y  aportar nuestra visión de futuro por encima de los acontecimientos que nos rodean.  

Coto Consulting es socia de AEDEMO, AECTA y AJEV. Durante los últimos 10 años ha realizado estudios en España, Portugal, Andorra, Italia, Ucrania, Rumania, República Dominicana y Argentina.

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