¿Renovarse o morir? El pequeño comercio se resiste a la liberalización de horarios

Poder hacer la compra en un gran supermercado todos los domingos y festivos del año. Ésta es la iniciativa que el Gobierno estudia implantar antes del verano en las zonas turísticas, esto es, en aquellas ciudades cuya media ponderada de la población sea superior al número de residentes censados, tal y como adelantaba este periódico el pasado 15 de abril.

En la práctica, la medida se traduce en la liberalización de horarios para las grandes superficies, cuyas aperturas están restringidas en cada comunidad autónoma a un máximo de domingos y festivos: ocho al año en todas las regiones salvo Canarias (9), Murcia (10), Ceuta (12) y Madrid (22). De esta manera, se pretende llevar a supermercados e hipermercados el mismo marco regulatorio del que ya disfruta el pequeño comercio.

Éste ha acogido con división de opiniones la iniciativa. Algunos lo ven como una oportunidad, como es el caso de Fernando Regil, encargado de Don Deporte, una pequeña tienda de Madrid: «Cuanto más comercio hay, más gente acude a las tiendas». Regil cree que las ventas pueden aumentar hasta un 20% con la nueva medida comercial y que es probable que contrate a más trabajadores. «Es un efecto dominó: cuanto más comercio, más clientes, más necesidad de empleados y más puestos de trabajo se generan» afirma.

Carlos, uno de los socios de una tienda Regalo y Decoración, situada en pleno corazón de Valladolid, también cree que revitalizará el consumo. «No hay problema en que abran cuando quieran, supongo que si lo hacen es para reactivar el consumo».

Con cautela

Pero también hay quien acoge la iniciativa con reservas. El presidente de la Confederación Española de Comercio (CEC), Manuel García-Izquierdo, considera que su aprobación «propiciará la pérdida de miles de puestos de trabajo, provocando una transferencia de cuota de mercado a favor de las grandes empresas».

Esta opinión es compartida por otras patronales autonómicas del comercio minorista. Es el caso de Pimec Comerç (la asociación que engloba a los pequeños comerciantes de Cataluña). Su presidente, Alejandro Goñi, asegura que el tejido comercial catalán observa con preocupación esta propuesta y considera que la medida supondría un golpe de gracia para el comercio.

«En España se cierran cerca de 1.000 tiendas diarias que están en manos de autónomos y pequeños empresarios». Además, apunta que en Francia, algunas localidades se han quedado sin comercios, por lo que ha sido necesario habilitar autobuses gratuitos para que los ciudadanos puedan ir a realizar las compras a grandes superficies alejadas de la ciudad.

Tradiciones de barrio

¿Y qué opina el pequeño comerciante catalán? «Nos iría fatal», explica Josep Maria Blasi, propietario de la sastrería Blasi de Barcelona. Blasi cree que el pequeño comercio es el que «da vida» a la ciudad, pero, sin embargo, el que siempre se ve perjudicado. El empresario achaca este maltrato a la poca capacidad de presión de las pymes en comparación con la fuerza las grandes compañías: «Con cinco o diez empleados, yo no tengo fuerza para presionar. En cambio, si puedes amenazar con dejar 3.000 personas en la calle…».

Aïda Calzada, que regenta la floristería MayFlower en Barcelona, opina de forma parecida a Blasi: «Cuanta más libertad se les dé a las grandes superficies, más desfavorecido resultará el comercio de barrio». Sin embargo, Calzada también considera que hay «mucha tradición» de comprar cosas concretas en el barrio, y que de momento no peligra el pequeño comercio: «Quizá algún cliente se vaya, pero habrá muchos que no», opina la florista.

Temores entre los minoristas

En el levante español, las asociaciones de pequeños comerciantes se oponen a cualquier ampliación de horarios. Según la presidenta de la Confederación Valenciana de Comercio (Covaco), Encarna Sanchis, la apertura de más festivos para las grandes superficies acaba con el pequeño comercio, «como ha ocurrido en Madrid, donde es muy boyante en el centro y la periferia, pero en el resto de barrios sólo queda el básico: el horno, el quiosco, la fotocopiadora?».

Precisamente en Madrid, María Garrote, dueña de la tienda de complementos M Garrott cree que, si las grandes superficies pueden ampliar sus horarios, ello no la obligará a tener su tienda abierta más horas: «Porque abras más no vas a vender más. A partir de las 21 horas no se vende, y si se hace, es porque a la gente se le olvida algo concreto como comida, alcohol o tabaco».

Garrote no piensa tomar medidas al respecto en su comercio. «Yo no voy a abrir porque las grandes superficies lo hagan. Mantendré mi horario porque no creo que se venda más por ampliar el horario de apertura».

Roberto, dueño de una tienda textil en Valladolid, afirma que tampoco abrirá en domingo: «Lo que factures lo tienes que pagar si quieres que un empleado te ayude, o renunciar a tu vida familiar si eres tú sólo el que trabaja ese día. No merece la pena y aquí, además no hay tradición de comprar en domingo».

Volvamos a Valencia. Allí, los empresarios no tienen tan claro que la iniciativa sea beneficiosa. Carlos, propietario de la boutique La calle 42, que cuenta con dos tiendas en el centro de Valencia, califica de «inhumano» el trabajo que le supone tener que abrir en festivos. «Las grandes superficies pueden permitírselo porque tienen turnos y los directivos no están allí trabajando el domingo», se queja. Por su parte, Enrique Gil Fernández, dueño de dos establecimientos comerciales en la misma ciudad, opina que «es una medida que satisface al gran canal de distribución, a las multinacionales y franquicias».

El pequeño comercio de Castilla y León apunta a que la medida podría aliviar la caída de facturación que viven las grandes superficies. «Hay grandes almacenes que algunos días concluyen la jornada con saldo negativo. La bajadas que está sufriendo el sector en general fueron en marzo de entre un 30 y un 40%», apunta el vicepresidente de la Confederación Regional de Comercio, Carlos Sigüenza, quien tampoco se muestra confiado en que represente una solución definitiva: «El verdadero problema es que el consumo está por los suelos y no es precisamente porque los horarios sean restrictivos. Hay mucho paro y la gente gasta poco».

El País Vasco, en cambio, recibe la iniciativa con indiferencia. Desde 2004 la regulación vasca de horarios comerciales permite abrir a los establecimientos de pequeño tamaño todos los días del año, mientras que para las superficies de más de 150 metros cuadrados autoriza sólo ocho festivos.

A pesar de todo, muy pocos abren en días de fiesta, debido a la presión sindical contraria, mientras que en los casos de los grandes, además, se suma el temor a verse como objetivo de ETA, que hace años ya avisó que atacaría a los centros comerciales que abriesen en festivos.

elEconomista.es 26/04/2011

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