La hora de nuestras ciudades

«En un sistema de mercado basado en la confianza, la reputación tiene un valor económico significativo. Por eso me preocupa lo mucho que hemos dejado de preocuparnos por la reputación en los últimos años». Esta cita fue pronunciada la semana pasada por Alan Greenspan en la Universidad de Georgetown y resulta de completa aplicación a las ciudades españolas. O al menos lo será hasta que el próximo 9 de noviembre el lanzamiento del mercoCIUDAD arroje algo de luz sobre el estado de algo tan transcendental como su reputación.

 

Es ya un lugar común que las ciudades ante el nuevo escenario competitivo están adquiriendo un mayor protagonismo. Los problemas son, por regla general, demasiado grandes o demasiado pequeños para los estados y las regiones: ascienden como gigantescos globos el firmamento internacional o caen como finas gotas de lluvia hacia las raíces de lo local. Porque nuestras ciudades son el rompeolas de la globalización, la última frontera donde deja de ser virtual y nos muestra su verdadero rostro. Nos hablan de globalización pero donde la vemos, la tocamos, la oímos, la paladeamos y la olemos; donde la disfrutamos y la sufrimos, es en las calles y plazas de nuestros municipios.

 

Sin embargo, nuestras ciudades no son simplemente el otro lado de la línea por la que la globalización nos habla. También son una pieza fundamental en las políticas con las que afrontar los tremendos retos a que esta nueva realidad nos conduce irremisiblemente. Frente al cambio climático parece evidente que el principal desafío consiste en mejorar el diseño urbano en tanto que nuestras ciudades son las principales emisoras de CO2 y las mayores consumidoras de agua, energía y recursos naturales. Ante la reorganización del sistema productivo global, las ciudades están asumiendo nuevas responsabilidades a la hora de retener y fidelizar a sus compañías, atraer otras nuevas y promover nuevas formas de turismo, la innovación y la economía del conocimiento. En tercer lugar, las ciudades tienen una grave responsabilidad: han de ser solidarias y abiertas, capaces de transformar su creciente diversidad en un valioso activo, capaces de crear espacios para la democracia, la participación y la cohesión social.

 

Las ciudades se ven obligadas a buscar, mediante sus políticas, un difícil equilibrio entre competitividad, cohesión de la ciudadanía y responsabilidad medioambiental. Un difícil y transcendental sudoku: en resolverlo correctamente nos va nuestro futuro y el del planeta.

 

A la hora de diseñar mercoCIUDAD hemos sido muy conscientes de todo lo anterior y hemos tratado no solamente de generar un ranking sino de llevar a cabo un completo y necesario chequeo a nuestras ciudades.

 

Para ello, hemos tenido que simplificar todas las infinitas perspectivas que confluyen en la ciudad que es una visión universal en tanto que casi todas las realidades se escenifican sobre las tablas del gran teatro urbano. Finalmente, hemos optado por un modelo sencillo: un tetraedro cuya base es un triángulo formado por los tres valores a conjugar (las famosas tres E´s: eficiencia, equidad y entorno) y sobre el que bascula una tercera dimensión: la de las políticas urbanas.

 

A su vez, cada uno de sus vértices lo hemos descompuesto en dos. Así, nos ha parecido interesante crear un capítulo aparte para la movilidad sostenible que complemente los esfuerzos de nuestras ciudades por ser ecoeficientes en la gestión de agua, energía y residuos. También hemos considerado conveniente dividir la competitividad económica en una más tradicional y clásica basada en la disponibilidad de suelo e infraestructuras frente a otra más blanda, basada en el impulso a la creatividad y la economía del conocimiento. Respecto a la cohesión social, nos ha parecido útil distinguir entre unos aspectos más asistenciales y relativos a la solidaridad y otros más enfocados en la participación ciudadana, el fortalecimiento de la identidad y la democracia local.

 

También hemos agrupado en dos grandes grupos las políticas urbanas llevadas a cabo por las ciudades distinguiendo entre aquellas políticas de gestión urbana orientadas «hacia dentro», hacia la propia ciudad y aquellas que buscan incidir en que disponga de una más poderosa marca ciudad y de un más efectivo e innovador city marketing.

 

Estas son las ocho perspectivas que se han tenido en cuenta en mercoCIUDAD que, a modo de GPS, ha balizado la posición de nuestras ciudades desde cuatro perspectivas convergentes mediante una metodología que hemos denominado 100×100: 100 variables objetivas, 100 expertos y 10.000 (100×100) entrevistas a ciudadanos. A ello hay que añadir la información suministrada por los propios ayuntamientos a través de un cuestionario de méritos remitido las 78 ciudades de más de 100.000 habitantes (o que sin serlo, sean capitales de provincia o de comunidad autónoma).

 

Una auténtica radiografía de nuestras ciudades en la que hemos tratado, creo que con éxito, de rastrear y sistematizar toda la información disponible sobre ellas e incorporar otros valiosos inputs complementarios. Un esfuerzo titánico que hubiese resultado imposible sino hubiese contado detrás con un extraordinario equipo humano con una valiosísima experiencia en el manejo e integración de ingentes cantidades de información derivada de la realización de otros monitores. Una rigurosa aproximación que permite que mercoCIUDAD esté llamado a convertirse en una poderosa herramienta de gestión para nuestras ciudades básicamente por varios motivos.

 

En primer lugar, mercoCIUDAD analiza la reputación urbana, un interesante concepto en el que estamos trabajando desde el City Reputation Lab, un grupo multidisciplinar de investigadores. La reputación urbana, como bien ilustra la cita de Greenspan que abre este artículo, es clave en la economía de la confianza. Las ciudades han de transmitir una promesa seductora y por ello es fundamental medir y trabajar su atractivo. Pero luego han de satisfacer las expectativas creadas y por ello es clave que mercoCIUDAD no sólo incorpore elementos de medición de percepción de ciudadanos y expertos sino también variables objetivas de desempeño urbano.

 

En segundo lugar, mercoCIUDAD permite que las ciudades españolas dispongan, por fin, de una herramienta con la que comparar, de manera exhaustiva y rigurosa, su posicionamiento respecto a otras ciudades de su entorno y saber en qué son excelentes y en qué tienen mucho que aprender… y de quién pueden hacerlo. mercoCIUDAD se configura, de este modo, como un poderoso «benchmark» para la gestión urbana española.

 

Vivimos en una sociedad saturada de información en la que mandan los titulares. mercoCIUDAD, a partir del próximo 9 de noviembre, generará sin duda los titulares propios de la llegada de un ranking de ciudades españolas. Pero detrás, y eso es algo que nos enorgullece y esperamos ser capaces de comunicar, hay algo más importante: una herramienta al servicio de las ciudades españolas para mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos.

 

Autor. Gildo Seisdedos

 

Fuente: ABC19/10/2008 vía Boletín AGECU

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